Las cárceles madrileñas se tiñen de blanco dos veces por semana. Esos son los días en que los presos participan en un programa de la Fundación Real Madrid para emular a los astros del fútbol mientras interiorizan los valores deportivos. Madridiario ha asistido a un entrenamiento protagonizado por reclusos de Alcalá-Meco.
Al principio, la Fundación Real Madrid "no ganaba para pelotas", pero eso fue hasta que a alguien se le ocurrió poner una malla transparente entre las porterías y el alambre de espinos que corona los muros del campo de fútbol de Alcalá-Meco. Desde entonces, los presos que participan en el programa de reinserción ya pueden fallar tranquilos sus disparos a puerta y regresar a sus celdas con el balón en perfectas condiciones bajo el brazo.
Solo los afortunados, aquellos a quienes la dirección de la cárcel ha autorizado por buen comportamiento y otros méritos, forman parte de la treintena de presidiarios que aquí se viste de blanco dos veces por semana para entrenarse con sus compañeros.
Una estampa que se repite en todas las cárceles de la región y en la que participan entre 700 y 800 presos en toda España. "No importa su forma física, solo que tengan ganas de hacer deporte y pasárselo bien", explica Paulino García, director de Proyectos Sociales de la fundación.
Aunque sí deben ser jóvenes: pocos de los participantes superan los 25 años, pero algunos ya son veteranos en estas lides.
Como Luis, que a sus 22 lleva un trienio entre los muros de Alcalá-Meco y a quien ya le ha dado tiempo a participar en el curso de monitor deportivo que ofrece la fundación a los interesados. "Cuando salga, podré dedicarme a esto", dice con una sonrisa. Mientras tanto, ejerce de 'cicerone' de los nuevos compañeros de 'equipo' en el campo y echa una mano al entrenador de vez en cuando.
La del fútbol se ha convertido, según explica Juan Carlos, subdirector de Tratamiento de Alcalá-Meco, en "una de las actividades mejor valoradas" por los internos.
"Aquí lo que sobra es tiempo", añade, "y hace falta canalizar la energía y la vitalidad, sobre todo de los jóvenes". Así que no es de extrañar que incluso los forofos del Barça hagan un 'sacrificio' para vestirse con el color de su eterno rival y dar unas patadas al balón.
Y, de paso, según Juan Carlos, a través de la práctica deportiva se mejora "notablemente" la convivencia en la cárcel.
Edwin, un recluso barcelonista de 20 años a quien quedan "unos cinco años" entre rejas, cuenta cómo se vivió en la prisión en último derbi, que cada uno vio en el televisor de su celda por los rigores de los horarios del centro. "Los golpes de los seguidores de uno y otro equipo retumbaban en los pasillos", asegura, "en función de la evolución del juego". Y es que en la cárcel, remata Juan Carlos, como fuera de ella, también se vive el fútbol con pasión.