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A bolazos con la nieve

martes 13 de enero de 2009, 14:54h
Última actualización: martes 20 de enero de 2009, 14:53h
Los meteorólogos, al igual  que los médicos, a partir de ahora se van a curar en salud. Que hay posibilidades de una bajada brusca de temperaturas, pues añadirán "con posibilidad de precipitaciones de nieve por encima de 800 metros que pueden ser de 600 y hasta de 400 metros en algunas zonas". Y así si nieva pues ya lo han dicho y si no pues mejor.

También los políticos van a utilizar los niveles de inclemencia con la manga más ancha que puedan encontrar. Que hace frío pues se sube un nivel, que luego se ve que no era para tanto pues se baja. No es cuestión de tener problemas por un quítame allá ese nivel. Lo que no se puede es resultar atropellado de nuevo por el carrito de la imprevisión.

Y es que todos están de acuerdo en que lo ocurrido con la gran nevada del viernes no se puede repetir.  Y si se repite, que se repetirá si el tiempo pone de su parte, no será, al menos, por no tenerlo previsto sino porque los ciudadanos son unos temerarios que, a pesar de los avisos, se empeñan en utilizar su automóvil; porque sí han hecho caso de las indicaciones pero las empresas de autobuses no cuentan con más vehículos para atender al aumento de demanda; porque los cambios de agujas ferroviarias se han congelado, o por cualquier otra circunstancia, ajena, desde luego, a las instituciones.

Lo mismo que todos parecen de acuerdo en que no puede repetirse eso de que no quede claro quiénes son los malos. Cómo es posible que la Comunidad culpe a Fomento por el caos de Barajas y el ministerio responda que más le valdría a la Comunidad fijarse en los problemas causados por la nevada en la M-45. Por no hablar de las críticas suscitadas en numerosos ayuntamientos, incluido el de Madrid, por la lentitud en esparcir sal lo que ha hecho que en muchas calles, tres días después, los vecinos se la jueguen para comprar el pan.

Por si faltaba algo, tampoco el conflicto de Barajas ha podido ser achacado de forma absoluta a la señora ministra pues ya arrastraba una huelga de celo de los pilotos de Iberia que tiene en jaque a los viajeros. No es extraño que, al final, lo que ha quedado en el subconsciente popular es que la culpa la tenían los hombres del tiempo, los pilotos de la compañía y la clásica improvisación hispana que hizo que los responsables actuaran cuando supieron y cómo pudieron .

Lo curioso es que, aún siendo conscientes de que la culpa es compartida, todos se han lanzado a acusar al de enfrente y a pedir ceses a diestro y siniestro, y nunca mejor dicho. Quien se pregunte la razón de esta bronca política sólo tiene que hacer el ejercicio de leer otras noticias ajenas al temporal: la crisis de Caja Madrid, la inseguridad en la noche madrileña, la situación del paro... Sin duda Madrid ha sufrido los efectos de una buena nevada pero, desde luego, no ha sido tan intensa como pretenden algunos ni tan copiosa que cubra todos nuestros problemas.
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