El secretario del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Emigrantes, Agostino Marchetto, exhortó hoy en México a que los países que no lo hayan hecho ratifiquen pronto la Convención sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migrantes y sus Familias, en vigor desde 2003.
"Al menos los países que están interesados en los migrantes, que son naciones de expulsión de éstos, deberían ratificarlo", dijo a Efe el arzobispo italiano durante el VI Encuentro Mundial de la Familia, que hasta el domingo se celebra en Ciudad de México.
Marchetto explicó que hasta el momento sólo algo más de una treintena de Estados se han adherido a ese instrumento internacional, muy pocos todavía entre las naciones más industrializadas.
La Convención para los trabajadores migratorios fue adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1990 y entró en vigor el 1 de julio de 2003, después de que veinte países lo ratificaron.
"Se comprende que los países así llamados desarrollados no hicieron esa ratificación por (la inclusión de) ese adjetivo: 'todos' los trabajadores", indicó el arzobispo.
El cardenal pidió a México, país anfitrión del Encuentro y que en los últimos años se ha convertido en expulsor de migrantes y zona de tránsito de miles de los que desde Centroamérica buscan entrar en Estados Unidos, que procure "tener un poco de liderazgo en América Latina", ya que es de los pocos que ha ratificado el instrumento.
Marchetto deploró en su discurso que se esté haciendo muy poco por acabar con las barreras frente a los emigrantes.
"Lamentablemente en un mundo que recibió con alegría la caída del Muro de Berlín se van erigiendo muros entre barrio y barrio, entre ciudad y ciudad, entre nación y nación", apuntó.
"Conviene iniciar la construcción de una política de inmigración que sepa conciliar intereses del país de acogida y el necesario desarrollo de los países menos favorecidos", dijo entonces el Papa, recordó Marchetto.
Según el arzobispo hay que ser conscientes de que la inmigración, motivada a menudo por la supervivencia, "se convierte también en trampa de muerte y la llegada a las tierras de la felicidad revela a no pocos el vergonzoso reverso de la moneda: la corrupción, la criminalidad, la prostitución".
El cardenal pidió también que los países receptores hagan más por la "integración" de los migrantes, que no se quede en una simple "asimilación", y a quienes emigran les recordó su deber de "respeto a las leyes nacionales" y "amor al país" de acogida.
Las reflexiones de Marchetto estuvieron basadas en el mensaje pontificio emitido por Benedicto XVI con motivo de la Jornada del Migrante y del Refugiado celebrada hace dos años.