lunes 26 de enero de 2009, 15:31h
Actualizado: 26 de febrero de 2009, 13:33h
Sólo 48 horas después de que Barack Obama tomó su juramento ante millones de personas alrededor del mundo, el nuevo presidente de EEUU ordenó el cierre de la cárcel militar de Guantánamo y restricciones sobre los métodos de interrogación para poner fin a la tortura.
La noticia del prometido cierre de Guantánamo significa el principio del fin de una etapa oscura en la historia de los EEUU y el fin de una larga lucha que Amnistía Internacional comenzó, junto con otras organizaciones, al establecerse el centro de detención. Durante siete largos años activistas de Amnistía Internacional lucharon incansablemente para condenar el retroceso de derechos humanos generado en nombre de la guerra contra el terrorismo. Ahora, siete años mas tarde, y tras acoger a casi 800 presos se ve finalmente el final de esta operación improcedente y profundamente injusta que causó innumerables violaciones de los derechos humanos
Aunque es un gran paso adelante en restablecer los derechos humanos en EEUU y en el mundo, hay mucho trabajo adelante para asegurar de que el cierre se haga de una manera apropiada. Es crucial ahora que el anuncio del cierre no perjudique los juicios de algunos de los detenidos, que empezaron hacia varios meses. Estos juicios significaron una esperanza para los familiares de los detenidos aislados en la base naval en Cuba y que fueron sometidos en algunos casos a torturas, quienes finalmente sintieron que se estaba haciendo justicia. El cierre de Guantánamo no debe interferir con esto, sino ayudar a que los juicios cumplan con los estándares de los tribunales federales.
Es imprescindible que la administración Obama actué con rapidez y firmeza, buscando los mecanismos legales para cerrar los casos sin cargos de fondo y que se transfieren los otros a los tribunales federales. La respuesta a la pregunta que ha servido como excusa para mantener abierto el centro de reclusión ¿dónde deben cumplir sus condenas los que se encuentran culpables?, no debe ser complicada. Los más despiadados criminales de la historia han pasado por el proceso judicial estadounidense. Los criminales de Guantánamo no son diferentes de aquellos que ya cumplieron su tiempo en el sistema carcelario de EEUU y el miedo que expresan los estadounidenses, que se preocupan por tenerlos en sus estados parece nada mas que un pretexto para librarse de ellos y mandarlos de nuevo a sus propios países. En muchos casos corren el riesgo de ser apresados, torturados o ser perseguidos nuevamente. La administración Bush creó el problema y ahora le toca a Obama corregir los errores cometidos por sus predecesores y encaminar a los Estados Unidos al rol que nunca debió perder en la protección de los derechos humanos.
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Virginie Houdmont
Coordinadora de Medios
Amnistía Internacional – Chile