Todavía la piel muestra las marcas de la campaña; la que nos tocó el corazón porque sus razones ganaron en nosotros. Bocinas de una larga caravana, colores, gritos, estribillos, sentimientos, latires que buscaron convencer, canciones, gente convocando a gente. Ésta es la parte callejera y no menos pensante de este proceso pre-referéndum. La otra fue la de la discusión tanto en la Asamblea Constituyente como en otros espacios (académicos, políticos, mediáticos, sociales). Éste es, en verdad, el gran triunfo de una sociedad que discute sobre su Constitución, es decir, que por primera vez le da vida. Frankenstein o no, ésta ha sido la Constitución más leída y más criticada y más defendida, y en buena hora.
Sabroso y prometedor en este pedregoso camino hacia una nueva Constitución es que por primera vez en nuestras vidas y en nuestra historia seamos consultados sobre el documento que sella nuestro pacto social. Y ha sido altamente democrático decir “sí o no o mierda” (como proponía Michel, profe de francés). No puede ser sino gratificante como país que el texto constitucional sea un documento como el que es: con la caligrafía de representantes de los sectores más diversos de la sociedad; con demandas hiladas en el camino dejando un texto poco pulcro para los abogados constitucionalistas conservadores; con su falta de etiqueta abogadil, por vez primera es de la ciudadanía mediante voto, demandas y puño. Es inspirador que de hoy en más la historia se empuje con nuestros brazos, hacia adelante, sobre esta base democrática, espantando nuestros fantasmas, luchando contra un colonialismo que no se barre con un sí. Pese a las consignas de un lado y de otro, pese a los mitos construidos en los medios o en las iglesias, este tiempo fue un tiempo de lectura del proyecto de Constitución.
Hoy, lunes, todavía con la resaca de la fiesta electoral, toca construir el después. Toca que el país no se deje llevar por aires de violencia soplados por fanáticos intolerantes a los que se les acabó el país fast food. Ya no funciona eso de patear la mesa cuando se pierde la partida. Toca también mirar los resultados sin mareos, con la cabeza fría y con una visión de país. Esto último no se logra si no se puede desprender una radiografía honesta de la votación por el no. Esta tarea no está en la agenda de los medios. Tampoco es la prioridad de una militancia oficialista triunfalista y “sorda del alma” (como el marido de Maribel) que mientras más apuesta a ganar con “dormida” más perdida deambula en el cacho de su política cortoplacista.
A quienes votaron por el Sí nos queda mirar el documento aprobado en su grandeza y con sus hilachas, en sus promesas y con sus riesgos. Queda mirar hacia adelante sabiendo que éste es un proceso sin capítulos clausurados, sino la búsqueda de una Bolivia democrática, incluyente y portadora de la ternura necesaria para seguir con tanto en contra.
A quienes votaron por el No les queda plantear una oposición propositiva, constructiva, inteligente, renovadora. A corto plazo, como dice el “Grillo” Villegas, reconocer que “seguimos quejándonos en vez de andar”, así que “como en la morenada, baila sin llorar”. Sin llorar. Sin llorar.
* Doctora en Comunicación
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Tomado de la edición de La Prensa 26/01/2009