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Coll y Chueca Goitia

miércoles 07 de marzo de 2007, 06:32h
Actualizado: 10 de octubre de 2007, 11:36h

Ayer se murió el gran humorista conquense, José Luis Coll, genio de la televisión en blanco y negro junto a su inseparable Tip, diestro jugador de billar en los bajos aristocráticos de la Moncloa, donde Felipe González instaló una bodeguilla para visitantes de confianza y personajes de la farándula residual de la movida de Tierno.

José Luis Coll era la fina ironía, quizá también la picaresca, que es la sabiduría del pueblo español. Nada más conocer la noticia de su fallecimiento, la concejalía de las Artes propuso poner su nombre a una calle de Madrid, propuesta aceptada por el alcalde, lo que demuestra que la señora responsable de las Artes, Alicia Moreno, tiene toda la sensibilidad puesta en sus contemporáneos de la farándula y del espectáculo, y no demuestra tanto aprecio a la parte más intelectual y cultural, lejos de la dudosa intelectualidad que interpreta el progresismo al uso.

Con todo el merecimiento del mundo, este conquense afincado en Madrid, José Luis Coll, tendrá calle en la capital de España, como se les concedió con toda celeridad a Rocío Durcal y a Rocío Jurado, que también merecen estar en el callejero madrileño.

Pero lo que no se comprende es que el Ayuntamiento sea tan cicatero con otras personalidades, que incluso han nacido en esta ciudad y por las que ha pasado la crueldad seca del olvido.

En octubre de 2004, fallecía en nuestra ciudad Fernando Chueca Goitia, madrileño de nacimiento, de vocación y de profesión intelectual; Cronista Oficial de esta Villa, arquitecto de reconocido prestigio internacional, pero el Ayuntamiento de la ciudad que le vió nacer, hacerse y morir, no ha querido ponerle una calle.

Quizá no sean méritos suficientes los ya citados, ni que fuera catedrático del Historia del Arte de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Historia, presidente del Instituto de España, autor de una gran cantidad de libros, decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, restaurador de importantes monumentos en toda España, en Madrid concretamente de la Casa de las Siete Chimeneas, el Oratorio de Caballero de Gracia, el panteón de Goya en San Antonio de la Florida, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando o la Casa de los Lujanes.

Fue el arquitecto de la catedral de la Almudena y de la ampliación del Museo del Prado, pero a Fernando Chueca Goitia, amigo, compañero cronista, le faltó quizá lo más importante para tener calle en Madrid: ser humorista y aparecer en televisión y en otros lugares adónde nunca irían los intelectuales. Así es Madrid de desagradecido con sus hijos ilustres, señor alcalde.

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