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El PP, cuesta abajo

El PP, cuesta abajo

Una vez más, el Partido Popular ha preferido mantener una falsa apariencia de unidad a cambio de la verdad y ha decidido suspender la investigación sobre el tema del espionaje de la Comunidad de Madrid.

    La decisión de Mariano Rajoy de ceder a la exigencia de Esperanza Aguirre para que sea la Asamblea de Madrid, férreamente controlada por ella y su Gobierno, la que investigue los supuestos casos de espionaje y otras corruptelas de dicha Comunidad, como no podía ser menos, sigue precipitando hacia el abismo a su partido.

    Si alguna duda cabía de que el sucesor designado de Aznar conseguiría reducir a un partido con opciones de Gobierno a un simple espectador de la vida política española, esta última decisión bastaría para disiparla. El PP está desaparecido en combate, un combate interno que no augura nada bueno y no parecen darse cuenta más que unos cuantos de sus dirigentes que no pueden o no saben qué hacer. Fraga lo advertía hoy mismo, domingo día 8, en la SER: “Si un líder no mantiene sus decisiones, no es un líder”. Y un partido sin líder, no es partido.

    Y el problema es que no se ve ninguna luz al final de este túnel en el que ha metido Rajoy al partido conservador, que cada día se ve más desorientado en un momento en que España atraviesa por una grave situación económica, financiera y social, un paro que no cesa de aumentar mes a mes, un Gobierno que se enfrenta a una situación que cada día evoluciona de peor manera y que está sobrepasando límites constantemente y una sociedad que todavía no parece darse cuenta muy claramente de lo que tiene que hacer.

    Afortunadamente para el Gobierno, el PP no da una y, de momento, los sindicatos están un poco despistados, aunque cada vez menos y no sería de extrañar que, en breve, ojalá sólo nos sorprendieran con alguna convocatoria de protesta, como ya ha ocurrido en Francia, por cierto con poca repercusión. Algo así como un buen tirón de orejas al Gobierno y un aviso a navegantes.

     En Inglaterra, las huelgas salvajes entre los trabajadores de las centrales nucleares en contra de la contratación de extranjeros procedentes de la Comunidad Europea, ya han estallado. En Italia, el irresponsable Gobierno de Berlusconi está alentando a no contratar a extranjeros.

    En España, la única huelga salvaje que tenemos anunciada es la de los jueces, si no logran pararla sus compañeros del Consejo General del Poder Judicial, cosa harto difícil a lo que se está viendo.

    Esperemos que a los sindicatos no les ocurra lo mismo. Confiemos en que la situación se les vaya de las manos y que su actual prudencia se vea respaldada por su tradicional responsabilidad y, decidan lo que decidan, sean muy conscientes del peligro que supondría tanto quedarse de brazos cruzados como lanzarse a las calles sin control.
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