Vino, vio a las más altas instituciones del Estado, demostró su impecable estilo y nos dio a todos una lección de cómo llegar tarde a todas partes y no despeinarse. Hablo de Cristina Fernández de Kirchner, la presidenta de Argentina, la nación más importante del mundo, como imagino que ya sabrán ustedes.
Hace poco me entretuve leyendo una entrevista suya en Vanity Fair. Es verdad que la publicación no es de política pero leer las cosas que leí de la que es la jefa de un estado me pareció, cuando menos, sospechoso. Me quedé con la ligera impresión de que a esta buena mujer lo que de verdad le interesa es salir linda en las fotos y que los colores de su ropa den bien con la decoración del sitio dónde esté.
A Cristina sus detractores la acusan de muchas cosas, pero muy especialmente de ser una mujer frívola y eso en política se paga caro. Siempre. Yo no soy feminista, porque paso de etiquetas y bastante tengo con aguantarme a mí. No defiendo las actitudes sean cuales sean, sólo porque las haga una mujer. Hay tipas muy sórdidas por el mundo que en as del feminismo (muy mal entendido, por cierto) ahogan cualquier macho que se les acerque a 30 metros a la redonda. Y hay otras, como me temo que es Cristina, que caminan por la vida como Barbies en el rancho de Alabama de Ken.
Es de muy mala educación ser impuntual. Denota egoísmo por parte de quién lo practica y falta de respeto hacia el otro que está esperando. No digamos si el que llega tarde es un Jefe de Estado y a quienes hace esperar es a Los Reyes, al Presidente del Gobierno y al alcalde de la ciudad. En fin. Encima me cuentan los colegas con los que he hablado y que han estado en la rueda de prensa que poco menos que parecía ella la anfitriona en lugar de ser la invitada.
Yo creo que esta buena mujer ha confundido su cargo y en lugar de dirigir un país cree que dirige la versión norteamericana del VOGUE. Creo que además echa por tierra avances femeninos muy importantes de las que la precedieron. Con la situación que actualmente tiene Argentina no creo que a sus lugareños les encante ver cómo la mujer que los representa vista con carísimas marcas que encima son extranjeras (suele llevar un bolso Hèrmes de 36.000 euros).
Encantadora presidenta que tienen los argentinos que Dios se la conserve muchos años y que, por favor, no copiemos aquí.