Andábamos un poco escasos últimamente de fiestas que merezcan la pena. Yo, sin ir más lejos, antes escribía una sección que se llamaba El canapero y tuve que dejarlo por lo triste que era no ser invitada ya a casi nada. Además a los pocos eventos que acudía ya no iba ni Marc
Ostarcevic.
Con el tiempo he aprendido de las grandes, como
Carmen Rigalt, que va a los sitios con cara de no enterarse de nada y después con sus negritas se cobra su particular venganza. Mi mala leche todavía no ha llegado a sus cotas, pero todo se andará. Cada noche, después de desmaquillarme me estudio una crónica de ella para así ir aprendiendo a juntar personas con adjetivos. Y en esas estoy.

Ayer, para romper la ya cansina crisis, hubo fiestón en Madrid.
Larios (en esto no he aprendido de la Rigalt y hago publicidad gratuita) convocó a un mogollón y el mogollón se duplicó y se armó la marimorena. El lugar era el Circo Price (ojo con los pijos, Price se pronuncia como se lee, pri-ce y no prais) el motivo, el
calendario Larios. Como todas las fiestas, hubo famosos que posaron en el photocall pero además de ser pocos, no fueron de mucho renombre.
Desconozco si fue porque los invitados a tan magno evento están acostumbrados a ver famosos o porque los invitados estaban sedientos. La cuestión es que se hizo caso omiso a un photocall lleno de jóvenes promesas de la televisión y algún famosillo como
Arancha de Benito, Elisabeth Reyes (ahora tiene más caché por ser la novia de
Fran Rivera) y
Esther Cañadas que iba justo a continuación de sus labios.
Lo realmente interesante estaba dentro. He ido a muchas fiestas. Y pocas, realmente son divertidas. La de ayer fue una de ésas, o ssssssea, divertida. Sólo se podía beber
Larios. Eso sí, en sus múltiples variedades: a saber, con tónica, con limón, con naranja, con coca cola, con coca cola ligth, en vaso de tubo, en copa de balón, con limón, sin limón y, casi siempre, sin hielo. Lo bueno de estas fiestas monotemáticas es que al final todos acaban con el mismo pedo. Pero lo que sorprende es ver lo bien que maridan los pijos con los seres alternativos derivados del mundo de la moda. Globally, organizador del evento, sabe muy bien cómo mezclar ambas cosas. No en vano son los mejores organizando fiestas. Estar en su lista VIP es lo mismo que ser llamado a cenar por
Preysler. Así, en el medio de la fiesta te podías deleitar con conversaciones de chicos con corbata recién llegados de la oficina de Price (este sí ha de pronunciarse prais) que charlaban al lado de dos jacas altas con moño imposible recién llegadas de Cibeles, perdón Madrid Fashion week. Los pijos y los modernos se encuentran muy a gusto hablando cada uno con los suyos pero sin perderse de vista. Al menos al principio de las fiestas.
Pero el alcohol no entiende de tribus, así que cuando ya corre más Larios por las venas que por las barras es cuando se producen los acercamientos y es en ese momento cuando ya puedes ver a un
Gigi Sarasola charlando animadamente con una modelo. Su mujer, bien de cerca, sin perderlo de vista. Hay cosas que nunca cambian, ¿verdad Gigi? y tú eres un buen ejemplo.

Yo sé que muchos no las conocerán, pero sé que otros sí. Tengo que hablarles de dos muchachas:
Blanca Yllera y
Fiona Ferrer. Cuando acuden a un evento (cada una por su lado), están discreta y silenciosamente admitiendo que la cosa tiene enjundia. Blanca se dedica a los vinos, la marca es Blancayé. Igual que algunas se dedican a sus labores, Blanca se dedica a sus fiestas. Y es tan lista que al final ha conseguido que cualquier pijo de Madrid conozca sus vinos. Blanca es, en versión patria, una suerte de
Paris Hilton (que de tonta no tiene un pelo) y que aprovechando un posicionado apellido en los vinos, ha creado su propia marca. Ayer no había rastro de sus vinos pero no importaba, Blanca los sustituyó con abrazos a diestro y siniestro. Todo estaba ayer bien para ella.
En cuanto a Fiona Ferrer. ¿Qué quieren que les diga? Al margen de mi específica debilidad por ella, encontrarte con Fiona es pasar un examen de moda. Ella parece que ni te mira pero te escudriña, menuda es ella. Aunque también te digo, bonita que conmigo vas de lado porque toda yo soy Zara andante. Y eso porque en Mercadona no han puesto ropa, que si no...
Fiona sabe mucho de moda, no en vano es la directora de Elite Model Spain y la que conducía aquel programa de muchachas delgadas que lloraban todo el rato y que se llamaba Súper Modelo. Fiona siempre va acompañada de gente fashion. Fotógrafas, modelos, pintores. Da igual. Ella nunca te dirá: Gema, te presento a Puri, trabaja en los juzgados de Fuenlabrada de administrativa. Bueno, de hecho no creo que Fiona tenga una amiga que se llame Puri ni confío en que sepa dónde está Fuenlabrada. Pero ahí reside su encanto. Ahí y en su encantadora sonrisa. Fiona, you are the best!!!!
No me pude quedar hasta el final. Más hubiera querido yo pero sí es verdad que antes de irme eché una última visual y pude ver hasta dónde llegamos por lo que es gratis. Hasta tercera fila arremolinada en las barras para conseguir una copa.
Lo mejor, la música. Parecía que estabas en Ibiza en pleno verano. Lo peor, la desesperación de los encargados de impedir a la gente que fumara que lo hicieran. Causa perdida.
Larios, una sugerencia. El año que viene, la fiesta mejor en la playa.