www.diariocritico.com

Luis Carmona

Mexican democracia

Mexican democracia

sábado 10 de marzo de 2007, 05:45h
…Visto el derrumbe de esquemas e instituciones que se creyeron sólidas (y quizá en algún tiempo lo fueron), hoy las sociedades y las Naciones, los Estados y los gobiernos, vuelven a interrogarse acerca de la democracia. Quizá lo mejor sea empezar por la raíz, recordar que la democracia es el poder del pueblo, es el auténtico y noble ejercicio de la soberanía a través de la elección de sus gobernantes, es la reivindicación y el reconocimiento de esa misma soberanía que no deviene de poderes extraterrenales, ni hereditarios.

Dice sabiamente el artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que la soberanía reside esencial y originalmente en el pueblo, y con ello consagra el principio fundador del poder público, es decir, del Estado…personalmente considero que las democracias modernas se asemejan lejanamente con su lugar de origen, la vieja Grecia, en donde dicho sea de paso, la democracia se asentaba en la exclusión de la mayoría, y es que la democracia griega era un sistema fundado en y por la minoría de los ciudadanos atenienses que disfrutaban de esa extraña condición de ciudadanos.

La vieja y olvidada “moda democrática griega” sería recogida siglos después por la naciente burguesía inglesa, que con ella derrotaría -sic- al arraigado sistema feudal. Luego, el comercio y las guerras se encargarían de difundir el concepto y la percepción de “democracia” por el mundo, pero sólo de implantarla en una cuantas Naciones…

Durante dos siglos la democracia se extendió y se transformó…muchas veces se olvida que entre los modernos sistemas democráticos de hoy en día y sus antecedentes de Atenas hay poco más que un abismo…La democracia se transformó con la extensión del derecho a la ciudadanía, aboliendo primero los privilegios derivados del patrimonio, después, los derivados de la educación, de la raza, del sexo, de las creencias religiosas, y finalmente hasta los de la edad. Su correlato directo fue la universalización del derecho al voto (activo y pasivo) que culminó con el reconocimiento general de que todos los individuos son (o deberían ser) iguales ante la ley y ante el Estado, luego entonces amigos, todos los ciudadanos tienen derecho a participar en la elección de sus gobernantes. Así pues, la democracia devino en sistema de representación y en forma de organizar, controlar y renovar los poderes públicos.

El voto se convirtió en el derecho por excelencia, las elecciones en su forma de expresión, y los partidos políticos como generadores de opciones en las organizaciones naturales y necesarias para la operación, desarrollo y ejecución de un “debido sistema democrático”, así, la democracia dejó de ser una idea (¿o ideal?) para convertirse en forma de operar  un sistema político basado en la soberanía popular, o lo que es lo mismo “voluntad de la mayoría”. Luego, como uno de sus últimos desarrollos, la democracia, sin violentar el principio de mayoría y como evolución de una necesidad tan humana como política, terminó por reconocer los derechos de las minorías, no sólo a existir sino a tener voz y voto en los asuntos públicos…así llegamos a nuestras últimas elecciones Federales, con las viejas ideas tepocateras y con los nuevos problemas (tepocateros también) de esa “democracia naciente del 2000” esta democracia que, sin embargo, y pese a todo, nos demuestra que la sociedad es cada vez más exigente y que ya no observa una postura de mutismo e indiferencia hacia aquellos hechos que día a día se encuentran presentes en la conciencia de los pueblos latinoamericanos. México no es un caso aislado, tenemos ejemplos recientes en Bolivia, Argentina, Brasil, Chile, Perú y otras tantas Naciones en las que sus pueblos dejaron el espasmo en el que se encontraban y comenzaron a cuestionar primero decisiones históricas y posteriormente procesos relevantes de toda índole, creo que ha quedado claro que si la democracia es representativa es por que es participativa…

En tal contexto, soy de los que piensan que a la democracia no hay que pedirle demasiado, mucho menos exigirle, y es que lo que tiene encomendado ya es de por sí suficientemente trascendental en la vida jurídica, política, económica, cultural y social de las naciones, como para sobrecargarla con otros temas y otras expectativas, la democracia creo yo, sirve para resolver en paz y civilidad, quiénes deben gobernar bajo el principio de que la mayoría decide, pero si la cargamos con tareas y comportamientos (sobretodo de la autoridad) que están fuera de su ámbito, la tensamos y la desgastamos, o bien, como ocurrió hace algunos meses en México, la desacreditamos, y con ello nos desacreditamos todos como pueblo…

Esta más que visto que unas elecciones (por mucho que prometan los candidatos…¿te acuerdas Fox?) por sí, no resuelven los problemas económicos, la distribución de la riqueza, el desempleo, la igualdad de oportunidades, las desigualdades sociales, la pobreza (extrema o no), la violencia intrafamiliar, la drogadicción, los conflictos armados, el crimen (organizado o no), la justicia social o la justicia a secas, las elecciones permiten optar por unas ideas, por un programa, por un auténtico plan estratégico de desarrollo, por unos hombres o por unas mujeres (por cierto, felicidades en su día, aunque siento que deberíamos felicitarlas diario) con la mente fija en el bienestar de ese pueblo al que piden (otra veces ruegan) los favorezca con su voto.

Parece mentira pero en algunas instituciones gubernamentales (por cierto, repletas de políticos mexicanos -léase todólogos-) y entre los analistas políticos (cada vez menos políticos) aún sigue siendo el tema de moda la llamada “transición democrática”, independientemente del partido que fuere, o de la simpatía partidista (antecesor o sucesor) en tal o cual encargo, siempre se invoca la casi sagrada frase de “transición democrática”, que en pocas y literales palabras debería querer decir el paso de un sistema no democrático a otro digno de ese nombre: democrático, y honestamente resulta hasta cómico ¿no creen?...disculparán mi inocencia amigos pero crecí con aquello de que “perro no come perro” pero “ora” con asombro veo que se ladran bastante y he descubierto, no sin asombro, que hay uno que otro caníbal depredador...en fin, retomando, para hablar de esa “transición democrática” que todo mundo nos vende debe existir democracia ¿o no?...entonces cuestiono ¿es México un país democrático?...

Las respuestas abarcan todo un abanico de opciones, desde la “dictadura perfecta” de Vargas Llosa (ayyyyyy Fox!!!!!! No sé por que me acordé de ti), la “democracia esotérica”, como nos bautizó el italiano Giovanni Sartori, hasta el cinismo de aquel Fidel Velázquez (todavía lo recuerdo dormidito en sus conferencias de prensa de los lunes en la CTM): “a punta de balas llegamos, y sólo a punta de balas nos iremos”…me queda claro que para saber dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, es necesario mirar hacia atrás, recordar nuestra propia historia y experiencias, no por falsos chauvinismos o mucho menos, por xenofobias injustificables, sino por elemental congruencia hacia nuestros esfuerzos previos…

…Y ya para finalizar y a propósito de nuestro sistema democrático (y sus malévolas consecuencias), quisiera comentar que a unas horas de llegar a los primeros cien días del “nuevo” gobierno, como dice una canción: “la historia (o histeria) sigue igual”…Adiós primeros cien días, sí, adiós a estos primeros cien días de todo y de nada, Señor Presidente no todo es “concretar acuerdos” con aquellos que antes atacaba y gustoso desmenuzaba en compañía de su sagrado y alabado séquito (y es que el PRI regresó a Los Pinos, aunque de momento únicamente llegaron los señores diputados como invitados pero…), Señor Presidente no todo es fantasear con programas de seguridad pública que imagino el costo que tendremos que pagar por ello, Señor Presidente no todo son spots publicitarios magnificando las obligaciones que como Jefe de Estado está obligado a garantizar, Señor Presidente no todo es pretender quedar bien a través del uso de los noticieros de ese duopolio tan patético como maquiavélico (no todo lo patético es maquiavélico y viceversa)…el tiempo no regresa Señor Presidente créame, el pueblo ya no está para vaciladas y afortunadamente ya no es tan ciego, quizá este tuerto pero con un ojo también se ve…todavía hay muchísimo tiempo y un montón de ganas de ese mismo pueblo de salir avante de tanta penuria y desesperanza…es un buen momento, deténgase a visualizar el juicio implacable que la historia le deparará…
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios