Boza, quien formaba parte de la delegación oficial cubana que acompaña al equipo nacional de béisbol, afirmó que la presión se aplica tanto a los técnicos como a los jugadores a fin de que "la revolución quede bien", informa el diario El Nuevo Herald.
El cubano, de 31 años, es el primer caso de deserción en la delegación de la isla caribeña que asiste al clásico en San Diego, ya que hasta el momento no se ha reportado ninguna fuga entre los jugadores, "quienes han sido prácticamente aislados del contacto con la prensa extranjera", según Boza.
"Los segurosos (agentes de la Seguridad del Estado) han mantenido a los peloteros bajo un control severo, sin dejar que se les acerque nadie", relató Boza, quien se desempeñaba como editor de la programación deportiva del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).
En la delegación viaja un hijo de Fidel Castro, Antonio Castro, médico del equipo y vicepresidente de la Federación Cubana de Béisbol, de acuerdo con el diario.
Boza viajó con la delegación a México y desde allí hizo contacto con su hermano Orestes Boza, quien reside en Miami desde hace seis años.
El pasado viernes, apenas la delegación cubana llegó San Diego, en Estados Unidos, emprendió la fuga rumbo al aeropuerto de esa ciudad para tomar el primer vuelo que lo condujera a Miami, donde aterrizó al mediodía del sábado.
"Quiero sentirme libre, hacer lo que quiera, decidir por mi propia cabeza adónde voy", afirmó Boza.
"Los jóvenes cubanos no tenemos ningún compromiso con la revolución, simplemente no nos interesa permanecer allí porque no vemos futuro... Y no me atemoriza la crisis económica actual, porque en Cuba nacimos y hemos vivido siempre en crisis", aseveró.