Entre los once o doce candidatos que participarán en la primera vuelta de la elección presidencial en Francia, la mitad de ellos son representantes de la izquierda no socialista. Marie-George Buffet por el Partido Comunista Francés, tres trotskistas: Olivier Besançenot por la Liga Comunista, Arlette Laguillier por Lutte Ouvrière y Gerard Schivardi por el Partido de los trabajadores, a ellos hay que añadir la ecologista Dominique Voynet y probablemente el altermundialista Jose Bové.
A babor en el navio de la izquierda francesa no son voces lo que faltan, para decir a menudo verdades como templos, pero llegan por desgracia desperdigadas en esta campaña electoral. El desacuerdo en la izquierda altermundialista para obtener una candidatura común, ha fragilizado su credibilidad, efecto acentuado por los sondeos que hacen y deshacen la opinión, otorgándoles a cada cual un máximo de 3% de votos. Su participación en el debate político parece sin embargo muy saludable y cabe recordar que su peso electoral se hizo sentir globalmente en el referéndum europeo en Francia, con el No a la Constitución. La defensa de una Europa social que se nivele a la alza y no a la baja encontró el apoyo también de todo un sector del Partido Socialista Francés.
Esas corrientes a la izquierda del Partido socialista, podrian, a condición de estar unidas, ser una garantia de presión sobre la candidata Segolene Royal para que no olvide las reivindicaciones y anhelos de ese electorado de izquierdas, dispuesto a votar contra la derecha, pero decepcionado así mismo por las políticas de los anteriores gobiernos socialistas. La defensa de una Europa social, los valores de una ecología progresista o la oposición a las consecuencias nefastas de la mundialización, son factores que federan a esas tendencias, divididas en cambio en sus respectivas estrategias de protesta o de poder. La crisis de la extrema izquierda y de los ecologistas en esta campaña presidencial no es sino el reflejo de la propia confusión del denominado movimiento altermundialista, que sigue siendo antimundialista, pero que no ofrece una alternativa común.
La estrategia de los candidatos trotskistas es estrictamente contestaria e intervienen en la campaña con afán para pesar en el debate de ideas. Otros como la comunista Buffet o la ecologista Voynet, no excluyen en cambio su participación en un futuro gobierno de izquierdas y votan en la presidencial pensando ya en las legislativas y en sus posibles alianzas con los socialistas.
La decana de los candidatos de extrema izquierda es Arlette Laguillier, que desde su primera participación en 1974 sigue dirigiendose a los electores con su célebre “trabajadores, trabajadoras...” y su arcaica defensa de “la dictadura del proletariado”. Mas matizadas son en cambio las posiciones de los otros dos trotskistas en liza, Schivardi y Besançenot que no quieren tampoco dar un cheque en blanco a Segolene Royal. La candidata del PC francés Marie George Buffet, con un programa antiliberal allegado al de la extrema izquierda, sostiene en cambio, como la verde Voynet el voto util en la segunda vuelta contra la derecha.
Por el momento nadie quiere escamotear la primera ronda, momento de poder exponer sus propias ideas en la campaña oficial que empieza el 9 de abril. Pero tanta desunión a babor puede suscitar en ese electorado la tentación de un voto útil desde la primera vuelta. Atraer a su izquierda y no perder el control del centro será el desafío de Segolene Royal en las próximas semanas.