Zapatero presume de talante y es cierto que, al menos en público, cuida las formas y no se le conoce un mal gesto, aunque algunos dicen que tampoco una buena acción.
Mandar y gobernar no es lo mismo pero son dos atributos de los que debe disponer el jefe de cualquier organización compleja si quiere ser eficiente. Gobernar sin autoridad es una misión imposible, entre otras razones porque el poder en cuanto deja un espacio libre tiende a ser ocupado por un aspirante ansioso..png)
No sé si esto lo habrá pensado Zapatero pero no le vendría mal que lo hiciese porque desde que ha cambiado el gobierno le están creciendo los enanos por todas partes.
La obsesión de Zapatero, una vez que ya ha satisfecho lo de sentarse en el G-20 gracias a su amigo enanito de Francia y se ha hecho la foto con Obama, es ver cómo ganar las próximas elecciones, y sólo está en eso. ZP piensa que para lograr ese objetivo hay que darle leña a Rajoy hasta que aprenda a hablar inglés e insistir en hacer del PP un caso Gürtell, y mientras tanto no se da cuenta de que son los suyos los que le pueden estropear la jugada.
En política eres líder mientras vas ganando, pero en cuanto empiezas a oler a derrota te abandonan hasta los más leales.
Por eso ZP debe poner orden entre los suyos porque, como dijo el canciller Adenauer al referirse a los distintos tipos de enemigos, los compañeros de partido son los peores. Como sigan peleándose en público el fiscal general con los jefes de la policía, el gobernador del Banco de España con el ministro de trabajo, Montilla con Chaves y la vicepresidenta con Sebastián, va a tener que dar un puñetazo en la mesa.
Menos mal que José Blanco está en plan estadista.