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Madridiario pasa revista a Tokio 2016

martes 21 de abril de 2009, 18:27h
Actualizado: 22 de abril de 2009, 18:40h
Los miembros del Comité Olímpico Internacional han visitado Tokio para conocer las virtudes y defectos de esta ciudad como candidata a los Juegos. Madridiario ha tenido la oportunidad de visitar en plena fiebre olímpica la capital japonesa, principal rival de Madrid en su aspiración para 2016.

Tokio (literalmente, 'capital del este') es una ciudad de contrastes asiáticos (es decir, enormes). Según datos de 2007, tiene 12,79 millones de habitantes en un territorio que es casi cuatro veces más grande que Madrid. Sin embargo, representa el epicentro de una conurbación que aglutina a varias poblaciones industriales que se acumulan alrededor de la bahía oriental de la isla de Honshu, una de las más grandes del país nipón. Una marea humana que concentra a 36 millones de urbanitas. El espacio es un privilegio y hasta el aire se cotiza a precio de oro.

El barrio de Ginza es uno de los más concurridos de la ciudad por sus espectaculares tiendasIncluso para el visitante que ha viajado a Asia, es una ciudad impactante. El que no lo ha hecho experimenta un choque psicológico brutal. Es como viajar a otro planeta. El idioma y la grafía son incomprensibles y las indicaciones en inglés o en signos varían dependiendo de la zona, pero, en general, son escasas.

El turista, en este sentido, está casi perdido. Es más, el propio japonés se pierde. El ciudadano autóctono y el comerciante medio hablan inglés a duras penas. Los productos de los supermercados no tienen otra grafía que los silabarios nipones y los mapas no se interpretan por calles (excepto las grandes vías, que sí están indicadas en alfabeto occidental) sino por edificios.

Filosofía pragmática
Los japoneses resuelven el problema de comunicación con una cortesía y una paciencia infinitas hacia el extraño, aunque no faltan, como en cualquier sitio, los xenófobos que no aceptan lo que salga de su diminuto concepto local de vida. La filosofía del japonés es pragmática y basada en el sacrificio y el rigor. Tokio expresa sus sentimientos en los detalles sutiles que se desprenden del hieratismo de sus ciudadanos, su cultura y su arte. Esto contrasta con la filosofía hedonista de muchos de sus rincones. Las mareas humanas atestan a cualquier hora del día transportes públicos y privados. Del trabajo a casa, de casa al trabajo. Eso sólo en el vistazo superficial.

Algunos indicadores estiman que el 0,5 por ciento de la población de Tokio vive en la calleLa fusión de la tradición y la modernidad convierte esta capital en una ciudad de enormes contrastes sociales. Aquí se puede hallar el consumismo más salvaje de zonas como Ginza, la paz más absoluta de parques como el Meiji-Jingu y la extrema pobreza de las decenas de miles de personas sin hogar que merodean por la ciudad. Por no hablar de los excéntricos, las junglas de cristal, la electrónica, el 'pachinko' (tragaperras), el 'manga', la naturaleza, el pescado crudo, los diamantes, la ropa, los peinados, los abanicos, el papel, la seda, el incienso, el salitre, el humo, la miseria, Buda o el rock&roll... Todo extremo. Todo excesivo. Todo cotidiano. Una sociedad implacable, ordenada y jerarquizada que es capaz de controlar hasta la forma de cruzar la calle. Es la única manera de distribuir racionalmente a tanta gente.

El deporte está presente en todos los sitios. Aparte de las banderolas de la candidatura olímpica en postes publicitarios, autobuses, ferrys, etcétera, las numerosas instalaciones básicas están atestadas a cualquier hora del día. En Japón los deportes más seguidos son el béisbol, el sumo y el fútbol. Aunque también admiran otros deportes como el kárate y el tiro con arco. Entre otros lugares curiosos, aprovechan las lindes de los ríos en la época que no hay crecidas para delimitar canchas de estas y otras disciplinas como voleibol y tenis. Los colegios tienen, en general, amplios patios para acoger campos de distintos deportes en este sentido.

Intermodalidad sin accesibilidad
El transporte es uno de los elementos más impresionantes de la ciudad. La intermodalidad es total. Se combinan líneas públicas y privadas de metro, el tren de cercanías y las numerosas empresas de autobús. Todas unidas a través de superestructuras como 'scalextrics' que tienen como nexos de unión enormes estaciones con gigantescos centros comerciales de varias plantas, como es el ejemplo de la central de Tokyo. Aquí la señalización funciona algo mejor, aunque no la accesibilidad. No hay ni un ascensor para que las personas discapacitadas puedan usar el transporte público (no pasa lo mismo con los autobuses, que sí que están adaptados). La movilidad en carretera también tiene pros y contras. La velocidad media máxima real es de treinta kilómetros hora en todo el país y algunas de las principales arterias de tráfico son de pago, lo que provoca importantes atascos. Sin embargo, el que no tiene aparcamiento privado, no tiene coche, porque no se puede aparcar en la calle y las multas son muy serias.

El medio ambiente es lo mejor que tiene la ciudad con sus importantes salvedades. Aprovechan cada hueco que encuentran en la calle para poner flores y plantas con el gusto y estilo de la jardinería japonesa. Para eso, implican a la empresas privadas, que patrocinan parterres cercanos a sus sedes. Los parques (gratuitos y de pago) son obras de ingeniería. Es el concepto del hombre moldeando la naturaleza hasta crear parajes extraordinarios. Son tan perfectos que casi dan miedo. Es el resultado del sacrificio y el pragmatismo en pos de la excelencia. La visita del COI ha coincidido con el florecimiento de los cerezos, una de las fiestas más admiradas por los japoneses y una de las más famosas del mundo. De hecho, como forma de hermanamiento, la asociación japonesa de Madrid, con el apoyo del Ayuntamiento, ha promovido la plantación de este árbol en la capital.

Esta es la isla donde va a estar la sede principal de la candidatura de Tokyo 2016Publicidad agresiva
La limpieza de las calles entronca con la filosofía totalmente aséptica de los nipones. No se ve ni un papel en el suelo y el reciclaje está bien implantado. Hasta las obras son limpias. Por su parte, si Madrid tiene una boina de contaminación allí la polución forma un sombrero de copa que impide ver más allá de unas pocas hileras de edificios. La publicidad es agresiva y excesiva. El tapiz publicitario es tal que es casi imposible destacar. Los vendedores de los centros comerciales asaltan a los clientes en la calle. La contaminación acústica es también enorme, precisamente, por las músicas que utilizan en la publicidad. Muchas urbanizaciones están erigidas sobre islas artificiales como las que van a acoger muchas de las sedes olímpicas, un dato que ha sido muy criticado por los inspectores olímpicos. Como forma de apaciguarlos, los tokiotas prometen plantar 1.000 árboles junto a la sede principal.

Los tendidos son aéreos en su mayoría, con la afección estética que supone para la ciudadEl urbanismo mira hacia el cielo. Los edificios de decenas de plantas para residentes, oficinas y comercios, se extienden por toda la ciudad, salpicados con casitas bajas, principalmente, de madera. Como en Madrid, entre enormes edificios, se pueden encontrar preciosos espacios monumentales como templos shintoístas y cementerios budistas.

Casi todos los inmuebles de ciertas dimensiones presentan estructuras cruzadas para prevenir terremotos. Podría ser también esta la razón por la que los tendidos urbanos son todos aéreos, afeando las fachadas, dañando árboles y cegando parte del cielo asiático. Mientras, las calzadas y los pavimentos están perfectamente cuidados. Los itinerarios para ciegos y las zonas de coexistencia del peatón y la bicicleta están generalizados por toda la ciudad.

'Box Office'
Tokio es una metrópoli segura. Y da esa impresión. Según dicen, uno de cada dos metros cuadrados de suelo público de la ciudad está controlado por cámaras. Además la policía está siempre a mano a través de los 'Box Office', unas minicomisarías con cuatro o cinco agentes por barrio que sirven de primera fuerza de orden en coordinación con los efectivos que tienen las bases centrales de la policía.

En resumen, una ciudad enorme en todos los aspectos que puede suponer un duro hueso que roer para Madrid en su carrera olímpica, por su capacidad deportiva y hotelera, su experiencia olímpica (ya fue sede en el siglo pasado) y su oferta cultural y comercial. El idioma, la ubicación geográfica, el apoyo popular y la cultura latina que ofrece Madrid, aparte del concepto de legado social que aporta la capital española, deben ser los valores que eleven nuestra opción por encima de la de Tokio, la ciudad mejor clasificada... Por ahora.

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