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La deuda del Ayuntamiento

domingo 03 de mayo de 2009, 20:28h
Actualizado: 08 de mayo de 2009, 13:31h

¿No lo oyen? ¿Seguro que no oyen el tintineo? Pues se trata del chorreo de dinero que perdemos cada día los madrileños con la enormidad de deuda que tiene la ciudad. Debemos 7.500 millones de euros. El Gobierno central aprobó el pasado día 23 de abril un decreto ley para autorizar a los ayuntamientos y otras entidades locales a realizar operaciones de endeudamiento para financiar su déficit de Tesorería a 31 de diciembre de 2008 y pagar a sus proveedores. El problema de Madrid es que justo antes de esta decisión, su deuda ya representaba el 20 por ciento del total de las corporaciones locales de todo el país: 6.500 millones de euros. Aún así, el Consistorio se resiste a admitir la enormidad de la factura pendiente que tenemos. Dicen que es "razonable", a pesar de que el Ministerio de Economía (máxima autoridad junto con el Banco de España en estos asuntos en el país) les prohibió hace dos meses que transformaran su déficit de 1.200 millones de euros (que se incluyeron en el Pleno de Presupuestos de diciembre de 2008) en deuda. Economía les decía que no se han cumplido los planes económicos financieros establecidos, ni se han tomado medidas adecuadas para reducir la deuda, excesiva ya de por sí. Finalmente, el Ministerio pasó por el aro y permitió al Consistorio de la capital aumentar su deuda mil millones que se tienen que amortizar en seis años (con el pastón en intereses que eso supone) para pagar a proveedores. Ni un euro más.

Pero da lo mismo. Sigue siendo una deuda "razonable" a pesar de que el endeudamiento es de casi el 150 por ciento de sus ingresos. El pasado jueves, en Junta de Gobierno, el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón seguía dando como respuesta que de cada cien euros en impuestos que paga un ciudadano, 60 van a parar al Estado, 34 a la Comunidad de Madrid y sólo 6 a pagar las inversiones municipales. Si se le sigue preguntando, también diría que de esos seis euros, un 3 por ciento se dedica a deuda. Pero el agujero crece y crece, y parece que nadie pone freno a la situación, a pesar de que esa deuda es casi equivalente a todo el presupuesto del Ministerio de Defensa para 2009 (algo más de 7.800 millones, según el proyecto de ley de las cuentas públicas del Estado para el próximo año publicado por el Gobierno en septiembre de 2008). O es casi diez veces superior a la del siguiente ayuntamiento más importante de España, Barcelona, que redujo su deuda en 2008 a 770 millones de deuda, según el Banco de España.

Hace unas semanas, el vicealcalde, Manuel Cobo, comentaba que la obra de la M-30, una de las principales causas de este agujero económico, "ha merecido la pena". Aseguraba que se trata de una de esas obras clave que una ciudad debe hacer cada 30 ó 40 años para poder seguir desarrollándose y creciendo. Nadie duda de que el soterramiento ha sido, urbanísticamente hablando, muy importante. Y casi nadie duda de su importancia en la movilidad. Sin embargo, como ya explicamos extensamente hace unos meses, la M-30 ha costado, incluidos mantenimiento e intereses, 5.630 millones de euros según la versión económica de los responsables del Ayuntamiento, y 10.406 millones según el PSOE. Y los vamos a estar pagando hasta 2040. Es decir, hasta que llegue la siguiente obra clave que, según la tesis de Cobo, necesita una ciudad para desarrollarse. O sea, saldremos de una megadeuda para volver a deber dinero con el que hacer otra infraestructura revolucionaria.

De acuerdo, vamos a eliminar de la ecuación la M-30 y vamos a decir que era una operación imprescindible. Cualquier ciudadano, aunque no sepa de economía ni de ingeniería financiera, se pregunta por la factura de otros muchísimos gastos inexplicables que tiene el Consistorio. Ruiz-Gallardón promovió el traslado innecesario de la sede del Ayuntamiento de Casa de la Villa al Palacio de Cibeles, que la oposición factura en más de 400 millones (en parte financiados con el Fondo Estatal de Inversión Local) entre el inmueble y su reforma. Eso significa el presupuesto en equipamientos de nueve distritos de la ciudad para un año, como denunció Izquierda Unida. Otro ejemplo. Llegó la crisis y el Ayuntamiento anunció que iba a dejar de poner dinero en infraestructuras que no le competían para centrarse en sus gastos. Sin embargo, llegó el Plan Zapatero y el Gobierno municipal se gastó 49 millones de euros de los 554 que le dio el Gobierno en 22 escuelas infantiles. Se trata de un equipamiento que la delegada de Familia y Asuntos Sociales, Concepción Dancausa, ha dicho en varias ocasiones que es competencia autonómica. Y eso después de criticar con razón los inmensos problemas que supone el actual modelo de financiación local que perjudica a los ayuntamientos, que asumen gran cantidad de competencias que no les corresponden y que nadie les paga.

La pregunta es: ¿Por qué se gastan el dinero de todos en cosas que no tienen por qué hacer y dejan que la deuda siga aumentando? Las razones principales para lo primero son que se ha intentado hacer realidad un programa electoral diseñado para épocas de opulencia, así como los proyectos de ciudad del futuro que desea el alcalde. Y hasta ahora todo eso se pagaba con los réditos que daban las operaciones urbanísticas a los ayuntamientos. Pero es que ahora el agujero financiero se ha hecho gigantesco porque los beneficios por venta de suelo, con la crisis, han sido cero. Además, nos metimos en la M-30, un proyecto para ganar elecciones que les salió redondo en las urnas, pero no en las arcas municipales. Y otros compromisos como las 22 escuelas infantiles ha habido que realizarlos porque, como ya dijo Juan Bravo, delegado de Hacienda, a Madridiario en una entrevista, permitía cumplir con el pacto con los ciudadanos de construir más de 50 guarderías en una legislatura para la ciudad. 

Lo preocupante es que la crisis continúa y no sabemos hasta qué punto puede llegar la deuda cuando hablan de un 2010 mucho más negro, económicamente hablando, que este 2009. Cuando quedan dos años de legislatura y quedan muchas megaobras prometidas por hacer. Lo que está claro es que en época de bonanza nos hemos gastado el dinero como la cigarra, sin prever para el momento de 'invierno' económico reduciendo la deuda y ahorrando. Ahora, se echa la culpa a otros para justificar el desaguisado. Y aunque es verdad que no se podía imaginar una crisis de esta magnitud, no toda la culpa es del 'tsunami financiero' y parte sí que proviene de la falta de previsión, algo que no se admite en el Ayuntamiento. De hecho, son capaces de decir que esta deuda  nos coloca en mejor posición para salir de la crisis gracias a todas estas infraestructuras. Lo que no dicen es que estas mismas generan nuevos gastos (de mantenimiento y puesta en marcha) que dan mayor rigidez a la estructura financiera municipal y en bastantes casos los beneficios que generan son a medio y largo plazo, mientras que la crisis ya la tenemos encima.

En todo caso, si se cumple lo que ya han comentado en alguna ocasión, Ruiz-Gallardón y su equipo se marcharán en 2011, pero con ellos no se va a ir la deuda. Ésa se queda con nosotros, los madrileños, y con el equipo de Gobierno siguiente que llegue al poder, sea popular, socialista, de Izquierda Unida o cualquier otra formación. Ése es el otro legado que va a dejar a sus ciudadanos. La gente hablará de él como el alcalde que soterró la M-30, recuperó el río Manzanares y que (esperemos) trajo los Juegos Olímpicos. Sin embargo, a Juan Bravo le recordarán como el gestor que dejó un Ayuntamiento con 7.500 millones de deuda, aunque hizo malabarismos para intentar que los sueños de su jefe se hicieran realidad sin llevar a la ciudad a la bancarrota. La Historia es así de injusta.

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