El juez Arthur Gonzalez del tribunal de quiebras de Nueva York, reconoció la validez de los argumentos presentados por el Estado Federal, en el sentido de que el tiempo apremia para el tercer constructor estadounidense.
El plan, plenamente apoyado por las autoridades, prevé la creación de un "nuevo" Chrysler, en manos de un consorcio conformado en 35% por el grupo italiano Fiat, 55% por fondos administrados por el sindicato del automóvil UAW y 10% por los gobiernos estadounidense y canadiense.
La nueva empresa asumirá los activos sanos del grupo. Los que presentan dificultades permanecerán en la "vieja Chrysler", que se encargará de liquidarlos y vertir las sumas recuperadas a los acreedores, bajo supervisión de la justicia.