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En el callejón ¿sin salida?

En el callejón ¿sin salida?

sábado 06 de junio de 2009, 11:19h
Actualizado: 07 de junio de 2009, 20:04h
 “¡Vuelve, Solbes, vuelve, que te perdonamos!”. Pronunciaba la frase con humor y general aquiescencia un relevante empresario, en el curso de una cena que reunía el viernes, en un emblemático restaurante madrileño, a una decena de líderes de empresas de las que mueven cifras relevantes en capital y empleo. Era general el consenso en que la falta de acción, de que tanto se acusó siempre a Pedro Solbes, era muy preferible al aluvión de movimientos y decisiones, incomprensibles en términos de política económica, que parece que van a caracterizar la nueva etapa. Por no ser verdad, ni siquiera es verdad el énfasis puesto por el Gobierno en las políticas sociales, ya que en nada se corresponde con la realidad estadística. Para los periodistas que asistíamos a la cena pasivamente, en silencio, el cambio de impresiones de los reunidos era al mismo tiempo clarificador y desolador.

Es con esas pretendidas “políticas sociales” con las que el Gobierno pretende desviar la atención de la clamorosa carencia de una política económica creíble. Lo cierto –ya lo comentábamos hace poco– es que España se encuentra prácticamente en la cola de la Unión Europea en recursos aplicados a la protección social. Sólo en desempleo, por razones desagradablemente obvias, gastamos más que la media europea, pero mucho menos en vejez, protección familiar, salud o incapacidad, por poner algunas líneas muy significativas. En salud, por ejemplo, España gasta el 6,4% del PIB frente al 7,7% de la media europea. No digamos ya en vejez y supervivencia, en lo que España gasta el 8,4% del PIB frente al 12,3% de la eurozona.

En estas condiciones, no puede sorprender el que una pequeña pero hábil manipulación estadística de las cifras de paro, en los datos relativos al mes de mayo, haya sido utilizado por el PSOE como demostración de que la actuación del Gobierno frente a la crisis comenzaría a dar resultados, cuando la realidad es que no hay tales resultados y que el crecimiento del paro seguirá acentuándose implacablemente en los próximos meses, como resultado no sólo de los problemas estructurales y coyunturales de la economía española, sino sobre todo de la falta, por ausencia de una voluntad política de concertación, de una gestión coherente de la política económica.

Es verdad es que esta semana tocaba recta final de campaña de las elecciones parlamentarias de la Unión Europea, y que las campañas electorales nunca son buenos escenarios para cualquier concertación. Pero al día siguiente de las urnas, la semana entrante y las sucesivas, tendremos que volver a preocuparnos por cómo siguen las cosas aquí dentro, en nuestro país. Nadie vendrá desde Bruselas a sacarnos las castañas del fuego, conviene que lo vayamos pensando, si nosotros mismos no somos capaces de sentar bases sólidas y concertadas para recuperarnos y aportar recuperación a ese conjunto europeo.

Y ya que tanto se recuerda el origen financiero de la actual crisis económica, no estaría de más una revisión a fondo de la situación y perspectivas del sector, en el que nuestro país no puede, sencillamente no puede, permitirse ni un sobresalto. La consolidación general y eficaz del sistema de Cajas es algo que debe afrontarse de una vez, con la mayor transparencia y, si hemos aprendido la lección, apartando todo lo posible la voraz mano política de cualquier espacio del sistema financiero. El caso de Caja Madrid es paradigmático de cómo una entidad sólida puede verse afectada por un disparate de gestión que deriva de sus condicionantes políticas, aunque todo parece indicar que pronto habrá sustituto de Miguel Blesa y una concertación transversal para devolver calidad a la gestión de la Caja.

Por otra parte ¿será verdad, como anuncia Merrill Lynch, que el conjunto de la banca española, que no para de absorber inmuebles, pese a ello reducirá este año el pago de dividendos por el crecimiento acelerado de la morosidad? El suceso, desde luego incómodo para los afectados, no sería dramático, pero ciertamente contribuiría a empeorar el clima económico. Hay coincidencia en que la salud de la mayor entidad financiera de nuestro país, Banco Santander, es, incluso en medio de las dificultades presentes, de una envidiable solidez. Y los pequeños matices que se hacen a la segunda entidad, el BBVA, son inequívocamente manejables.

Así que, en los próximos meses, quizá hubiera sido mejor que la economía estuviera en las manos, escasas de iniciativa o empuje, pero sólidas, experimentadas y coherentes, de Pedro Solbes, que en la extraña deriva actual de pura y dura dirección política, con la mirada puesta no en las cuentas de resultados sino en la recogida de votos. Pero es lo que hay y con estos mimbres habrá que hacer los cestos. Quizá haya llegado el momento de que las fuerzas sociales, esto es, las organizaciones empresariales y los sindicatos, obliguen a las fuerzas políticas a esa concertación que, por la peculiar estructura constitucional de nuestro país, no puede ser sólo transversal de socialistas y populares, sino que debe incluir necesariamente a los partidos nacionalistas, y de la que probablemente depende cómo y cuanto antes salgamos de los peores fondos de la crisis.

Que se sepa, a esa deseable concertación sólo se opone ni siquiera el PSOE, sino sólo el núcleo duro de poder del actual PSOE, afanado como está, según parece, en esa ambiciosa especie de “concertación planetaria” que ha desvelado la secretaria de organización del partido, y por la que Barak Obama, siguiendo la ruta precursoramente trazada por Rodríguez Zapatero, alumbrará un tiempo nuevo de la Humanidad. Así, con dos. A uno y otro lado del Atlántico y con Turquía como punto de apoyo de la palanca que cambiará el mundo. Por este camino, pronto llegará el momento de que el último apague la luz. Ya se, ya se que es broma, pero tiene muy poca gracia.
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