Caja Madrid renueva su dirección
miércoles 10 de junio de 2009, 17:43h
La inminente renovación de los órganos de dirección de Caja Madrid y los diversos movimientos que se están produciendo estos días merecen alguna reflexión. Tratando de fijar ideas, la primera sería que Caja Madrid debería quedar al margen de la lucha 'interpartidaria' e 'intrapartidaria'. En efecto, llevar la controversia política a la dirección de una entidad financiera solo redunda en pérdida de confianza en ella. Y la confianza es el cimiento del negocio.
Lo dicho vale también para las pugnas por el poder interno en un partido, sea el que sea. Los partidos madrileños deberíamos haber asumido hace tiempo este criterio y actuar en consecuencia. Desgraciadamente, Esperanza Aguirre, que en su calidad de presidenta de la Comunidad Madrid debería ser la primera en defenderlo y practicarlo, ha sido la primera en arrasar con el. Para la Presidenta, lo esencial es quitar de en medio a alguien que no la obedece. Y para ello no ha dudado en modificar hasta tres veces la Ley de Cajas para eliminar a Blesa y reducir el poder de Ruiz-Gallardón en la Asamblea de Caja Madrid. Es un caso extremo de intervencionismo de alguien que presume de liberal.
En segundo lugar, la renovación de la Presidencia de Caja Madrid debería estar presidida por un criterio: el de la profesionalidad. Y, desde luego, no es asumible que el criterio para elegir al nuevo Presidente sea el de la obediencia ciega a Esperanza Aguirre. Nadie debería avalar este criterio partidista en una institución de la importancia que tiene Caja Madrid, cualquiera que sean las contrapartidas que se obtengan a cambio.
En tercer lugar, y como consecuencia de los dos criterios anteriores, se debería intentar un amplio consenso, comprensivo de todos los grupos políticos y sociales que tienen representación en la Asamblea General. Al Gobierno regional corresponde la iniciativa de pilotar ese consenso. Pero no es eso lo que ha intentado Esperanza Aguirre. Antes al contrario, ha intentado (y logrado) un acuerdo con algunas fuerzas políticas y sociales, marginando expresamente a otras, bajo la premisa de tener las manos libres para designar al Presidente a Caja Madrid. “Aquí mando yo” parece ser el credo de la intervencionista Presidenta. Y sobre la aceptación de ese credo, se construye una mayoría, pero no un consenso. Un consenso que ni ha buscado en las filas de su propio partido ni fuera de él. Ofrecer sumarse a un acuerdo parcial no deja de ser una broma de mal gusto.
Finalmente, pero no menos importante, hay que acabar con esta situación de interinidad e incertidumbre cuanto antes. Caja Madrid es muy importante para normalizar el crédito a las familias y a las empresas y debe ser un agente activo en la reorganización del mapa financiero. Por eso, no es de recibo haber metido a esta institución en una crisis de dirección de la que se pretende salir con un acuerdo cojo y basado en la obediencia debida a la lideresa. No estar en ese acuerdo no quiere decir que haya que desencadenar una dinámica de oposición en Caja Madrid. No tendría sentido y sería contradictorio con lo dicho más arriba. La tarea es asegurarse que la nueva dirección, la que sea, trabaje con profesionalidad para lograr los objetivos antes dichos: fluidez en el crédito y actividad en la reordenación del sector.
Adolfo Piñedo (Diputado socialista en la Asamblea de Madrid)