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17 de julio de 1980

17 de julio de 1980

Si hay algo en lo que debemos poner nuestros mejores esfuerzos es en que no se esfumen los recuerdos de nuestra experiencia colectiva y en transmitirlos a los millones de jóvenes, que son la mayor parte de nuestra población. Para una parte considerable de ellos, el 17 de julio de 1980 significa poco o nada, pese a que la libertad de todos y las oportunidades que tenemos al frente se jugaron y decidieron en luchas marcadas por esa fecha.

La más prolongada dictadura militar había sido derrotada por la movilización popular a finales de 1977 y en los dos años siguientes se hizo el primer intento de poner sobre sus pies un tambaleante proceso democrático, interrumpido sangrientamente en noviembre de 1979 por un golpe cívico-militar, derrotado por la resistencia de los trabajadores de las ciudades y el campo. En esas jornadas puede identificarse la apertura del ciclo constitutivo que se desarrolla hoy a plenitud, porque es en ellas que el sujeto campesino-indígena, que hoy se propone poner en marcha su propio Estado, pudo romper las amarras que lo vinculaban a mandos políticos ajenos. Ése es el significado más profundo del primer bloqueo nacional campesino, llevado a cabo a finales de 1979.

Tuvimos elecciones nacionales en 1978, 79 y 1980 por la profunda inestabilidad de la transición. El péndulo electoral favorecía a la izquierda, a través del masivo respaldo a la UDP y el vertiginoso crecimiento del Partido Socialista 1 conducido por Marcelo Quiroga Santa Cruz. La adhesión que recibió se había multiplicado prácticamente por diez, de la primera a la última de esas elecciones.

Marcelo interpelaba al conjunto de la Nación con su claridad, su contundente e implacable lógica y la avalancha de pruebas que aportaba al desnudar la raíz, la esencia y las proyecciones de la dictadura que entre 1971 y 1978 había endeudado como nunca al país, al tiempo que dilapidaba los recursos obtenidos por la mayor y hasta hoy inigualada bonanza del precio de nuestros exportables. En el juicio de responsabilidades enseñó cómo se había terminado de formar una nueva burguesía, con recursos y fondos del Estado, culminando la tarea iniciada por el MNR y la burguesía burocrática nacida de su seno.

Eso hizo que las balas asesinas de los paramilitares y los sicarios (incluyendo los italianos y argentinos con los que la dictadura de Videla apoyó al golpe de 1980) se apuntaran y descargaran sobre él, con furia enloquecida y asesina, dando cumplimiento a una sentencia decidida no solamente por los enjuiciados por Marcelo, sino por muchos otros que celebraron su asesinato. Los “novios de la muerte” y otros grupos con los que la dictadura contaba como fuerza fundamental para aterrorizar, reprimir y torturar se nutrían de experimentados cuadros, algunos de los cuales habían participado en el atentado fascista contra el ferrocarril en Bolonia, Italia, con más de 80 víctimas.

Fueron necesarios cerca de dos años de resistencia para que los golpistas y sus herederos se replieguen. El juicio contra quienes dirigieron los asesinatos, persecuciones y saqueo fue postergado muchas veces, hasta que finalmente se realizó. Pero hasta hoy Marcelo Quiroga Santa Cruz y otros combatientes populares siguen desaparecidos. El hermético silencio de sus victimarios se mantiene sin fisuras y sin que ningún poder pueda romperlo. Mantener la memoria, recuperar el camino y banderas que dejaron los caídos, quebrar las viejas y nuevas complicidades y abrirle paso a la verdad son todas tareas que aún están pendientes de cumplirse.

* Profesor universitario

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