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Julián Lago que estás en los cielos

Pues finalmente se apagó; era de esperar. Las noticias que llegaban desde Paraguay eran malas, los médicos le daban pocas esperanzas a los hijos de Julián Lago, a su novia y al resto de personas que estaban pendientes de él. Julián se ha ido a morir haciendo lo que le gustaba: ser irónico, rompedor, aventurero y bravucón. Seguro que le hubiera gustado más que le matara un toro que una mobylette pero uno no elige la forma de salir de este mundo. Se tenía por muy torero pero le atropelló una moto inmunda de esas que andan a pedales.

Le tuve aprecio aunque le conocí poco. La última vez coincidimos en un plató de televisión, me dijo que se marchaba porque estaba asqueado de todo: de España, del periodismo y de él mismo (supongo). Lago se había convertido en un personaje de leyenda prestada porque ni tenía el pelo ensortijado, ni el azul Sandokán era su fondo de ojos; así que consiguió engañar a la audiencia mientras la mandaba a publicidad. Pero una vez quitado el personaje uno se daba cuenta de que Julián era un niño grande, a veces asustado, y como tal había que tomar sus epístolas contra el diablo y contra el mundo.

Hizo cosas encomiables en el periodismo como dirigir 'Tiempo' y luego 'Tribuna' en sus mejores épocas, pero también participó de aquella telebasura que se inventó Lazarov y que consistió en la exaltación del “gilismo” a la novena potencia. Lago tenía una máquina y decían que era de la verdad. Supongo que habrá encontrado “su verdad”, le deseo que la disfrute todo el tiempo que dura la publicidad porque se merece el descanso que no encontró en el periodismo.
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