El esquema que el jefe del Consell podría estar trabajando de cara a preparar un Gobierno encaminado a afrontar la crisis y con un cariz más político deberá sufrir nuevas modificaciones. A pesar de las múltiples posibilidades barajadas de entradas y salidas, todo parecía indicar que Antón se mantendría como titular de Medio Ambiente. Ahora, Camps deberá añadir una nueva cara al mapa de la Generalitat.
Desde que se destapó el caso de los trajes en el que estaban implicados –entre otros- el jefe del Consell y el secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, Camps hizo ‘piña’ con sus hombres de confianza, no obstante, los escándalos judiciales podrían pasar factura a más de un conseller de los considerados ´intocables´.
Desde algunos sectores se apunta que incluso el vicepresidente Vicente Rambla, mano derecha de Camps en los últimos tiempos, no tendría un puesto de peso asegurado en el mapa gubernamental que prepararía el líder del PP valenciano.
La ecuación que tiene sobre la mesa el presidente Camps ha de despejar la incógnita de cómo reagrupar competencias para reducir consellerias satisfaciendo la cuota de cada una de las tres provincias. De los 14 miembros que se sientan en cada pleno del Consell, se prevé llegar a diez.
Para ello, lo primero que hay sobre la mesa es la reducción de las vicepresidencias. Camps podría volver al modelo de diez consellerias con las que arrancó en su primera legislatura, allá en 2003, y donde no nombró ninguna vicepresidencia.
Más competencias para Presidencia
La Conselleria de Presidencia podría asumir las competencias de Justicia, Administraciones Públicas, Gobernación e Interior, al igual que han realizado otros gobiernos regionales en manos del PP, como el gallego, murciano y madrileño.
Otro hecho que parece probable es la desaparición de la Conselleria de Cultura y Deportes que pasaría directamente a depender de una única Vicepresidencia que compatibilizaría la portavocía del Gobierno. De hecho, los eventos deportivos celebrados en los últimos años en la Comunitat Valencia y los futuros, al igual que ocurre en el Gobierno central y el de Madrid, han aconsejado este cambio. En dicha conselleria también se integraría Turismo.
La creación de una nueva Conselleria de Empleo, disgregada de Economía y Hacienda, sería otra medida más acorde a los tiempos de crisis donde las políticas laborales requieren una atención especial y diferenciada. Para dicha plaza se necesita a una persona conciliadora con los agentes sociales y con “fina cintura” para afrontar el drama del paro. Rafael Blasco, llamado a mejores glorias, podría volver a una plaza que conoció entre 2000 y 2003. Éste último se convertiría en unos de los hombres fuertes del nuevo Gobierno valenciano.
La Conselleria de Economía se quitaría las competencias laborales pero pasaría a tener bajo su paraguas las de Industria. Los departamentos que quedarían como ahora son Agricultura, Infraestructuras, Sanidad y Educación, pues Bienestar Social se encargaría de gestionar las políticas de inmigración. Medio Ambiente se mantendría pero con un nuevo titular que sustituyera a Antón.
Todos estos cambios se enmarcarían en el nuevo impulso que Francisco Camps pretende dar para encarar el próximo curso político en visperas de las próximas elecciones autonómicas y muy condicionado por la vida política nacional donde la crisis económica y los problemas del Gobierno de Zapatero para llegar a acuerdos parlamentarios asemejan la coyuntura actual con la de hace 14 años.