Su verdadero sostén son plutocracias económicas de logias uniformadas
Entre las causas importantes de atraso latinoamericano están las oleadas de parasitarias plagas castrenses que a lo largo de la historia se imponen por la fuerza como montoneras depredadoras.
Hace más de medio siglo que, sin genuinas amenazas externas -a excepción del brevísimo episodio de las Malvinas-, apenas las fuerzas armadas de Colombia afrontan situaciones de combate real.
En tiempos modernos, un importante número de militares latinoamericanos se dedica, con profesionalismo y decencia, a canalizar institucionalmente sus servicios hacia numerosas acciones de orden público, que aportan valor agregado al colectivo.
Lamentablemente, al paralelo de los militares modernos persisten los notorios "gorilas" -vestigios del subdesarrollo- que inician su escalafón en grado de ladrones de gallinas y ascienden por los rangos de chulos de abasto, rateros de licorería, extorsionistas de aduana, comisionistas de armas, traficantes de drogas, y sucesivamente sumando "galones" hasta culminar con "charreteras" de saqueadores de ministerio o instituto autónomo.
Son estos "gorilas" los que cada tanto tiempo irrumpen en política, siempre disfrazados de la ideología que al momento esté de moda.
A mediados del siglo pasado, Juan Domingo Perón inició el desfile de caudillos castrenses populistas que suman fuerza bruta al desespero, ignorancia y resentimiento de los marginados. Ascienden al poder convocando a los marginales al ciego odio de clases, para luego lanzarlos por el despeñadero de la ruina colectiva.
Sus claques de lumpen prepagado y sus perennes aliados izquierdistas, fracasados y seniles, son apenas pequeños actores de reparto. Su verdadero sostén son plutocracias económicas de logias uniformadas.
Velasco Alvarado, Torrijos, Noriega y sucesores, no son más que vociferantes mascarones de proa, cuya verborrea "ideológica" encubre prebendas, corruptelas y abusos de poder.
La historia latinoamericana comprueba que las inermes respuestas cívicas apenas sirven para presionar situaciones y documentar expedientes ante la fuerza de las botas.
El civismo incita a los más serviles gorilas rojos a ganar indulgencias pretorianas con cobardes agresiones a la inerme ciudadanía.
La experiencia regional invariablemente demuestra que sólo el despertar de la dignidad y vergüenza del sector uniformado pone punto final a las aventuras de los nuevos gorilas, que -perdidos en la niebla del siglo XXI- conducen a sus países hacia el más certero fracaso.
Mientras tanto, el honor ni con microscopio se divisa.
AHERRERAVAILLANT@YAHOO.COM