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Adiós Julio de Benito, compañero

Adiós Julio de Benito, compañero

domingo 06 de septiembre de 2009, 19:29h
Actualizado: 08 de septiembre de 2009, 07:38h
Le vi por ultima vez pidiendo los volantes médicos para su revisión. Yo iba a lo mismo, y mientras nos saludábamos pensaba en su mal aspecto. Desde la muerte de Pilar, su esposa, no levantaba  cabeza. El ERE de RTVE, como nos está pasando a todos un poco, lo ha rematado. Es curioso, pero ocurre a muchos seres humanos: la retirada de la vida activa  nos sitúa en el umbral de la muerte si no nos espabilamos y buscamos una actividad. Eso lo digo para aquellos mal nacidos que nos sitúan a los prejubilados de RTVE o de empresas similares en una jaula de oro, calificándonos desde sus despachos, de “privilegiados”

   Pero dejemos eso a un lado que ahora no es momento de ejercer reproches a nadie sino de recordar al compañero. Yo a Julio le debo un solo favor, pero el mas grande de mi vida. En el verano de 1983 le autorizó a otro gran amigo, José Manuel Martín Médem, compañero de Bachiller, y entonces editor del informativo 24 horas de Radio Nacional darme una serie de prácticas radiofónicas para adaptarme al medio tras haber aprendido los rudimentos del periodismo en Diario 16. Esos “cursillos acelerados” que me dieron Martín Médem y Carlos López, otro periodista prematuramente desaparecido en un desgraciado accidente, con el visto bueno de Julio de Benito, y la estimable colaboración de grandes profesionales como Lourdes Guerras, Antonio Peiró, Javier Arenas y Nacho Hernández, me sirvieron para poder presentarme a una oposición que me permitió acceder a la que luego sería mi empresa durante 25 años.

    Pero la muerte de Julio la siento como propia por otro notivo. Es el hermano de una de ls personas que durane mi singladura profesional más ha creido en mí como especialista en información económica: Luis de Benito al que, desde estas páginas, le mando un sencillo abrazo y una lagrimita mezcla de una profunda tristeza que no quiere exteriorizar, y de emoción también contenida por una simple razón.

   La rabia que me da comprobar la escasa memoria que se tiene a esos 4.150 profesionales de RTVE que nos encontramos en casa y que no podemos evitar el evocar el escaso recuerdo que se tiene hacia nosotros.

   Unos profesionales que durante muchos años nos hemos dejado la piel por la radio y la televisión pública. Que hemos sido protagonistas activos de la transición democrática y el cambio en RTVE a costa de habérsenos insultado llamándonos, como poco, manipuladores. Esos profesionales que, aún así, hemos estado ahí, al pié del cañón, en las buenas y en las malas, y que hoy, apenas pasamos sin pena ni gloria por la profesión. En cualquier caso, como eso. Como un estorbo que, por fin, se han quitado de enmedio.

   Pero no, Luis.. Tarde o temprano, la labor de tu hermano  al frente de los servicios informativos de RNE y  TVE en la época de Pilar Miró, - por cierto, ¿se acuerdan de la que se montó por los vestidos que habia comprado con cargo al presupuesto del Ente Público?. ¿No les recuerda a algo que está pasando ahora?-, deberá ser tenida en cuenta a la hora de evaluar la labor de los periodistas que protagonizamos la transición y los primeros pasos de la democracia. Porque, señores, no sólo El País, Cambio 16, Diario 16 o el Grupo Zeta, entre otros, fueron los “heroes” que contribuyeron a generar un clima de opinión propicio para el cambio. En Prado del Rey, en Torrespaña y en las sedes de los callados centros territoriales, miles de periodistas, de cámaras, locutores, productores, administrativos… en fín, un ejercito de personas contribuían desde dentro a hacer la misma labor. Lo que ocurre es que desde dentro las cosas que se hacen por cambiar un sistema son mas ingratas, mas calladas y mas peligrosas. Y de eso Julio, Luis, yo y tantos otros sabemos mucho, ¿o no Eduardo Sotillos?

   Julio, compañero. Ha llegado la hora de descansar junto al amor de tu vida, tu mujer Pilar.. Pero que sepas que, desde aquí, los que quedamos que hemos trabajado contigo, también morimos un poco, día a día, calladamente. Y nos iremos como tu, sin armar ruido, porque, a fin de cuentas somos eso, ciudadanos como cualquiera de los mortales. A nosotros no nos queda ni siquiera la gloria de vernos en el Panteón de los Reyes de El Escorial. Nuestro minuto de gloria fue sólo eso; un minuto de Telediario o del Parte.
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