Ecuador acaba de ser declarado como ‘Patria Libre de Analfabetismo’. Según el Gobierno, actualmente tenemos en el país un promedio del 2.7 por ciento de analfabetismo a nivel nacional, por lo que la Unesco lo avala.
El régimen dice que hace dos años la tasa de analfabetismo era del 9 %. Hay quien afirma que entonces era del 7 %. Un triunfo, sin dudas, largamente esperado y gestionado por varias instituciones.
El Gobierno sostiene que este logro se debe a las campañas de alfabetización de los últimos dos años protagonizadas por los estudiantes de segundo año de bachillerato (antes quinto curso). El Ministerio de Educación los reforzó con alrededor de 120 mil alfabetizadores bonificados para que trabajaran en las zonas rurales. Un esfuerzo plausible, sin dudas, pero al que en honor a la verdad hay que añadir otros actores.
En efecto, se pasa por alto los esfuerzos que han realizado los gobiernos seccionales de El Oro, Pichincha e Imbabura, por sólo citar tres casos, que han contado incluso con asesoría internacional.
En estas y otras zonas se trabaja por la alfabetización desde hace varios años antes que se instaurara la llamada revolución
ciudadana.
Pero lo más destacable de este hecho, es que se trata de una victoria pacífica, la que para alcanzarla se ha requerido un empeño colectivo y no se ha tenido que echar mano a ninguna retórica insultante y descalificadora.
En este sentido podría servir de paradigma a los inquilinos actuales de Carondelet. Con ese espíritu sí podremos todos forjar un país diferente.