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La ropa para el 'cole', en el Rastro

Este lunes comienza el colegio para los menores madrileños, y los padres apuraron los últimos días para realizar sus compras de cara al nuevo curso. Uno de los lugares que este domingo notaba mayor afluencia de gente buscando alguna ganga en calzado, ropa o papelería es el Rastro de Madrid, donde conseguir algo al precio más barato siempre es posible.
Una de las abuelas que se acercó hasta el ya tradicional mercadillo fue Consuelo, que tiene tres nietos y afirmó que con el presupuesto "ajustado" con el que cuenta, "no alcanza para comprar todas las cosas para los niños". El colegio exige muchos materiales nuevos cada año, y "todo es carísimo", por lo que la familia entera prefiere ir al Rastro "a ver si se encuentra algo barato". Sobre todo se compran "camisetas o pantalones" para los más pequeños, e intentan buscar "lo más baratito". "Entre la ropa y los libros no nos alcanza" el dinero, afirmó Consuelo.

Rosa, madre de una niña y que también paseaba por el Rastro con ella y con su marido, afirmó que lo que suele buscar en el Rastro, son "camisetas o pantalones un poco más originales" que en la mayoría de comercios. Además, Rosa defendió la idea de visitar y comprar en el Rastro, puesto que es un mercadillo madrileño y le gusta pasear por él. Otra de las madres de familia que estaba por el Rastro aseguró que siempre visita el Rastro para "echar un vistazo", y siempre "busca cosas más baratas". Así lo confirma Jorge, un vendedor de un puesto de ropa, que confirmó que las familias "siempre buscan lo más barato y rebajado".

Otro de los comerciantes del Rastro, Isidro, que vende en una tienda de mochilas y maletas, afirmó que aunque la gente siempre "va buscando lo más barato", los padres acaban cediendo ante la presión de los más pequeños, que suelen preferir "las mochilas de moda, o las que salen en la tele", pese a que sean más caras. Cuando las que compran son las madres o las abuelas solas, sí que intentan "comprar lo más barato" posible, aunque luego muchos niños quieran cambiarlo por otra mochila que les guste más a ellos, y que suele ser más cara. "Y por no tener al niño a disgusto el resto del año", los padres hacen el esfuerzo, añadió Isidro.
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