Este año no le han dado el premio al berzas que acabó con la vida del Toro de la Vela en Tordesillas. Resulta que el tarugo en cuestión –a quien, no obstante, se reconoce su valentía- asestó al morlaco el lanzazo definitivo cuando aún asesino y asesinado pisaban asfalto, y la tradición pide que el toricidio se consume en el campo.
La organización de la Vuelta Ciclista a España repescó en una de las últimas etapas celebradas a un grupo de más de cincuenta corredores que entraron en meta fuera de control. La razón no fue que caían chuzos de punta o que se produjo una montonera fortuita, sino que una baja tan numerosa habría dejado al pelotón en la raspa y es mucho más lucido que la competición termine bien nutrida; de otro modo, la Vuelta –creen los que mandan- perdería prestigio.
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La presidenta de la Comunidad de Madrid quiere que los profesores tengan el rango de autoridad pública que se otorga a los policías. Solo los de la escuela pública, que son funcionarios (¿?), así es que no tienen nada que temer los papás de los muchachos borrocofestivos de Pozuelo que van a la concertada o a la privada.
El presidente
Zapatero y su subordinado
Manuel Cháves aseguran que la perplejidad, cuando no el descontento, por su gestión de un número creciente de votantes socialistas y en las propias filas del partido gobernante, tiene que ver con que el Ejecutivo comunica mal y no hace la adecuada pedagogía de sus actuaciones.
España es muchas cosas (menos mal) pero también es el empeño por mantener la pureza (hay que joderse, como es el lenguaje) de tradiciones repugnantes; es suponer que hacer la vista gorda aunque resulte injusto da caché siempre que el envoltorio se mantenga intacto; es creer que la autoridad se otorga inventando normas y normillas especiales que la legislación ordinaria hace innecesarias pero que sirven para salir en los papeles; y es utilizar el eufemismo de la mala comunicación y la deficiente pedagogía para decir sotto voce que la parroquia es tonta y no entiende lo que pasa.
Prohibir de una santa vez fiestas y costumbres (¿fiesta? ¿costumbres?) salvajes, sancionar a quienes incumplen porque sí y amparándose en que es grande el número de incumplidores, maniobrar en la superficie de las cosas para no atacar los problemas de fondo en asuntos tan cardinales como por ejemplo la educación, y no reconocer que un proyecto está agotado, abandonar la ya comatosa torre de marfil y dar voz a la ciudadanía, son cosas que no van a pasar. Es lo que hay.