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Canarias, oportunidad histórica

sábado 28 de noviembre de 2009, 17:23h

En medio del temporal de la crisis global, y al margen de operaciones de frívola propaganda política, como ese patético proyecto legal denominado “de economía sostenible” con el que Rodríguez Zapatero parece que intenta distraer la atención de la dramática ausencia de una política económica digna de tal nombre, se produce una curiosa oportunidad para el diseño de un nuevo modelo económico para Canarias. Es natural que ocupen el centro de atención las nuevas oportunidades de la sociedad del conocimiento, como ese posible “hub” tricontinental, aeroportuario y portuario, al que me refería recientemente con ocasión del fuerte crecimiento que va a experimentar el estratégico sistema atlántico de los aeropuertos del archipiélago, o como la posibilidad, muy real a poco que se trabaje seriamente en ello, de que Canarias sea el centro de operaciones de todo lo mucho que es preciso hacer, por los países más avanzados en las nuevas tecnologías de la sociedad de la información, para orientar y dirigir la necesaria incorporación del continente africano a esas nuevas tecnologías, sin las que sería imposible o muy difícil su necesario desarrollo económico y de infraestructuras.

Pero Canarias no es África, sino Europa, por mucho que geográficamente condicione la proximidad geográfica. La geografía es muy importante, pero lo son mucho más la historia, la educación y la cultura, valores todos ellos por los que Canarias es intensamente europea, y por tanto una parte diferenciada, para bien, del continente africano. Canarias es un gran centro y puente de comunicaciones y de conocimiento entre el mundo más desarrollado, que en cierta manera representan Europa y Norteamérica, y el mundo ya en avanzada fase de cambio y desarrollo que es Latinoamérica, o el que se acerca a una fase de cambio y desarrollo, como a todos conviene que sea el caso de África, todo un gran continente que necesita ya, para más temprano que tarde, muy importantes inversiones y obras de infraestructuras que liberen su inmenso potencial industrial, comercial y tecnológico.

Es de sentido común lo mucho que conviene a España estar, desde el primer momento, en el gran desafío del cambio, la modernización, la educación, la industrialización y el desarrollo tecnológico y social de África. Y es igualmente de sentido común que Canarias es la gran plataforma desde la que España y Europa pueden estar en el esperanzador cambio de África.

Lo que hace más estable y seguro cualquier modelo económico es su equilibrio. Canarias, al mismo tiempo que desarrolla, cara al continente africano y también como enlace tricontinental, las inmensas potencialidades aludidas, no debiera abandonar un sector primario, quizá mucho menos importante con la sola perspectiva del progreso y el desarrollo económicos, pero intensamente vertebrador y con muchas y varias posibilidades de desarrollo multiplicador a corto y medio plazos. Por muchas razones, y no sólo el clima o la geografía, el Archipiélago está en condiciones de desarrollar el sector primario, al menos en dos poderosos vectores, desde luego la agricultura, para la que es innecesario subrayar sus cualidades, y también esa otra vertiente, tan rentable y ahora tan en boga, que es la acuicultura, nada menos que la mejor fuente de la alimentación de calidad que han empezado a reclamar, con buen sentido, los consumidores de los países desarrollados.

Es un hecho que las costas de prácticamente las siete islas tienen cualidades excepcionales de aguas y temperatura para el desarrollo de una poderosa acuicultura de calidad, con inversiones requeridas que, mediante una política económica bien diseñada, están al alcance de la economía de Canarias, máxime cuando se trata de invertir al servicio de unas producciones que estarían vendidas de antemano en su integridad. Unas inversiones por tanto relativamente fáciles de financiar. Por supuesto que todo esto requiere calidad y pulcritud en el manejo de los recursos públicos. Por supuesto también que necesita de un empresariado moderno y ambicioso, con capacidad de iniciativa y riesgo. Es una extraordinaria oportunidad, de esas que no suelen pasar muchas veces, y que por tanto no es cosa de ahora o nunca, pero sí que es el momento de afrontarlo ahora.

Iré más lejos: cuando se dice y escribe que Canarias podría ser el Singapur del Atlántico, se manifiesta una visión limitada e insuficiente, porque Canarias está en condiciones de ser mucho más que un Singapur. Haya o no finalmente petróleo en los fondos marinos entre el Archipiélago y la costa occidental africana –que lo hay, como han evidenciado los registros de los satélites y los registros térmicos, y en fondos de inequívoca territorialidad canaria– el horizonte económico de Canarias puede y por tanto debe ser inequívocamente espectacular. No ha de ser sólo un centro de negocios, al modelo de Singapur, sino que debe tener una economía propia diversificada y potente, que permita no sólo el bienestar de los ciudadanos, sino incluso una participación activa en las grandes decisiones internacionales de los cambios históricos que se están viviendo.  

Cierto que las oportunidades de cambio y de progreso no se hacen realidad sin amplios esfuerzos compartidos. Esta hora de Canarias necesita de todos. Necesita, muy preferentemente, de un empresariado ambicioso, preparado y bien organizado, y de unos profesionales y trabajadores que estén a la altura de las circunstancias. Necesita por tanto de centros muy avanzados de conocimiento e investigación, que pueden y deber ser las propias Universidades, una vez estén dotadas de medios y recursos suficientes para ir mucho más allá de la por lo demás necesaria labor docente. No hay razón alguna por la que Canarias no deba aspirar a tener centros universitarios como los mejores de España y de Europa, en docencia y en investigación. Y desde luego, Canarias necesita de España. Advirtió años atrás Manuel Hermoso de que allá abajo, en Canarias, por negligencia del Gobierno central, sólo crecían la sensación de abandono y el resentimiento. Quizá ha llegado la hora de que España escuche el “grito silencioso” de Canarias e inicie el pago de una deuda histórica.
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