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El paraiso de la diputada Enoe Uranga

El paraiso de la diputada Enoe Uranga

miércoles 09 de diciembre de 2009, 21:18h
Actualizado: 11 de diciembre de 2009, 08:27h
¡Menudo año “católico” 2009!: educación para la ciudadanía, matrimonios homosexuales, manifestaciones en Colon y Alcalá, crucifijos, amenazas de excomunión a políticos y votantes de la recién modificada Ley del Aborto…El Presidente de las Cortes, José Bono, no podrá recibir la comunión (aunque Franco o Pinochet sí pudieran, aquel de manos de cardenales y este de manos del mismísimo papa Juan Pablo II). Aquí parece no haber cambiado nada desde el día en que el dictador español iba bajo palio en procesiones e iglesias. Carrero Blanco se quejaba en los primeros años 70 de una iglesia gobernada por el cardenal Tarancon en la que veía rojos por todas partes y lloriqueaba lamentándose de “lo mal que se comportaba una Iglesia a la que el Régimen le había dado tanto”.

Hoy, esta Iglesia toma las calles gritando contra las leyes del gobierno que los obispos consideran van mermando su poder sobre las conciencias, mientras, al día siguiente, se muestran complacientes con los gobernantes que siguen, a pesar del fin del Concordato y de unos Acuerdos donde se firmó lo contrario, regalándoles millones de euros a través de los impuestos y los Presupuestos Generales del Estado. Los obispos quieren tener contentos al Dios del amor y al de las riquezas, Mammón, simultáneamente. Esta es una de las mayores y más cínicas hipocresías de la Iglesia oficial española, y uno de los más graves errores de los Gobiernos socialistas del estado español.

La Iglesia española vocifera contra el divorcio y el aborto a la vez que anula matrimonios siempre que haya dinero de por medio, o expulsa monjas misioneras de sus congregaciones si tuvieron la desgracia de ser violadas y embarazadas por criminales en guerra. Pero ¿eso qué importa? Si la violada es una niña, como en el caso reciente del Brasil, se condena a los médicos que aceptan interrumpir ese embarazo, aunque el violador haya resultado ser su propio padre. La sensibilidad moral de la Iglesia está más que demostrada a lo largo de los siglos. El sexo no tiene importancia para el más allá si quien lo practica de modo irregular en el más acá es un clérigo, sea éste un cura raso, un miembro del colegio cardenalicio o un fundador de una orden religiosa. Y tampoco si estos últimos abusan de cientos de niños (sea en Irlanda, Austria, EE.UU, España o México, como se acaba de comprobar que ha venido sucediendo a lo largo de los últimos 50 años). Pero sí la tiene cuando se trata de los simples bautizados fieles, a los que se les puede amenazar y amedrentar con las penas de la excomunión o del infierno si se dejan llevar de sus instintos o tendencias sexuales.

Si quitamos a la Iglesia su poder de las conciencias en los terrenos del sexo y del celibato clerical, ¿qué quedaría de su autoridad moral sobre la humanidad sufriente? Pederastia, simonía, nepotismo…. La Iglesia sabe mucho de todo ello. Nada de preservativos, aunque millones de personas puedan morir de sida. Hablarán sobre el hambre en el mundo, pero no derribarán los palacios vaticanos, ni tampoco los venderán al mejor postor. ¿Hambre? Millones de niños mueren de hambre al año ¿Ha visto usted a lo largo de su vida a algún clérigo famélico?

La Iglesia en España no puede soportar la pérdida de poder que viene experimentando desde los inacabables años de la agonía de Franco, y a medida que la sociedad española se ha ido, inevitablemente, secularizando. Ya en 1984 el Tribunal Constitucional había fallado a favor de la retirada de signos religiosos en las aulas, y en estos últimos días el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo se ha pronunciado en el mismo sentido, estimando que la presencia de signos como crucifijos es una “violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones” y un ataque a “la libertad de religión de los alumnos”. Debería acabar de una vez ese concepto de la religión del miedo y el castigo a la que quieren devolvernos los Roncos y Caminos de turno. Una religión que lleva al cielo por la vía de la fuerza y al infierno por la vía del terror.

El cardenal mexicano Lozano Barragán acaba de decir que “las lesbianas, los homosexuales y los transexuales no entrarán nunca en el reino de los cielos”. Estas palabras las ha pronunciado en medio del debate público entablado en el país azteca con motivo de una Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, transgrediendo y atacando el principio de laicidad del estado mexicano. Una diputada federal, Enoé Uranga Muñoz, ha pedido aplicar esta Ley, y ha criticado las palabras del “príncipe de la iglesia” Barragán,  Esta valiente mujer no quiere ir al cielo que predica su Iglesia. “¿Quién quiere ir al cielo de los pederastas, al cielo de Marcial Maciel y Ratzinger, quien no tiene pudor en confesar que fue integrante de las juventudes nazis?". No quiere ir al cielo de los que condenaron a la ex comunión a Hidalgo y Morelos, al cielo que negaron a "las muy señoras pecadoras" Josefa Ortiz Leona Vicario; no quiere ir al cielo de quienes torturaron a Gertrudis Bocanegra, por rebelde, y a Giordano Bruno, por pensar. Ni a un cielo donde no estén Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Frida Kahlo, Albert Einstein, Simone de Beauvoir o Marcel Marceau.

La diputada mexicana podría haber añadido: a un cielo donde estén algunos Papas de la Historia, algunos obispos de España, entre otros los que enarbolaron la "Santa Inquisición", incluso algunos santos, que mataron o mandaron matar; a un cielo donde estén Francisco Franco o el general Pinochet…que sí pudieron recibir los últimos sacramentos, suficientes para darles el boleto de entrada al paraíso, después de haber obligado a vivir a sus súbditos en un infierno.
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