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Apuntes desde la Sala 11-M: Veinte minutos

martes 24 de abril de 2007, 08:01h

“Quítenle los grilletes y que se siente en la silla azul”. Han sido veinte minutos de la basura en el juicio más serio de la historia. Una y otra vez las pruebas y los testimonios recogidos en el sumario 20/2004 niegan cualquier relación entre ETA y la masacre del 11M. También las declaraciones de todos los testigos policiales. Hoy lo han reiterado, en veinte minutos de declaración, los propios etarras, los dos de la llamada caravana de la muerte detenidos en Cañaveras (Cuenca), y el sanguinario Henri Parot, que tiene encima 5.000 años de condena por haber acabado con la vida de 26 personas. Los etarras pueden mentir, que no sería la primera vez, lo peor es que se han partido de la risa. Es lo que le ha irritado también al presidente Javier Gómez Bermúdez al terrorista Gorka Vidal, “a usted le puede hacer mucha gracia pero lo que se está enjuiciando aquí es muy serio, guarde un poco de compostura”.  Desde la pecera los presuntos terroristas islámicos han mirado con indiferencia a los terroristas convictos de ETA. Como si no fuera con ellos. Un desprecio correspondido por Vidal y su compañero Irkus Badillo, ambos muy jóvenes, enfundados en sendas sudaderas con capucha y con aire de kale borroka. Como si reivindicaran al Tribunal status privilegiado de gudaris frente a los seguidores de la yihad, los dos han negado con desgana que conocieran a Jamal Ahmidam, “El Chino”, en contra de lo que había afirmado el acusado Suárez Trashorras. Vidal protestaba hasta con chulería las preguntas de los abogados:” No tengo nada que ver con esto, ni con el 11M ni con los islamistas”. Su compañero Badillo incomodó tanto al presidente con sus “no sé”, “no me acuerdo”, que se llevó bronca y apercibimiento de multa y procesamiento. Estaba claro que esta no era su guerra y además no quería dar un solo dato que le incriminara más en su carrera terrorista etarra. Gómez Bermúdez le amparó advirtiendo a la Sala que si bien el testigo tenía obligación de contestar estaba en el derecho de no responder si eso le podía implicar en delitos. Hizo un comentario que causó la hilaridad de los 29 procesados: “Es lo que pasa cuando traemos a declarar a delincuentes”.

LA BÚSQUEDA. Era el día del abogado José Luis Abascal, defensor de Jamal Zougam y de Basel Ghalyoun. A su empeño se debe que el Tribunal admitiera por sorpresa, en el auto de apertura del juicio oral, que se admitiera la comparecencia como testigos de los tres etarras. Aquello dio mucho morbo sobre el protagonismo que iba a tener la teoría de la conspiración en el juicio. Y se está quedando solo en eso, en morbo. Abascal ha dado vueltas y revueltas en los interrogatorios a la búsqueda de la conexión etarra del 11M con nulo éxito. Su as en la manga de la toga era el papelito que le pillaron a Abdelkrim Benasmail, un condenado por pertenecer al Grupo Islámico Armado, con el nombre de Henri Parot y su dirección en la cárcel de Alcolea. La rebuscada relación con los hechos que se juzgan en esta Causa es que el tal Abdelkrim era amigo y compañero de armas de Allekema Lamari, suicidado en Leganés y uno de los autores de la masacre según el escrito de la fiscal Olga Sánchez. El naipe que parecía utilizar de comodín el togado no sirvió para ligar ninguna jugada. Parot, que ha ganado muchos kilos en la cárcel, en la que está desde 1990, habla un castellano derivado del francés y del vasco. Pero suficientemente claro para negar ningún conocimiento del prisionero islamista radical. Son imprevisibles las esperanzas que había depositado el letrado en el testimonio de este asesino en serie. Como Abascal siempre que pregunta fija la mirada en el monitor de su ordenador y no en la pantalla de plasma que ofrecía la imagen del testigo, se ha perdido el gesto de sorpresa, si no de cachondeo de Parot, cuando le ha preguntado si había proporcionado a Abdelkrim la fórmula de la cloratita, o sea las instrucciones para hacer explosivos. La misma contestación negativa a sus preguntas y a las del abogado de la AVT, el derechista José Luis Murcia, sobre si sabía el testigo acerca de que ETA contratara mercenarios para poner bombas, si la organización le ha comentado en petit comite su implicación en la masacre, los supuestos entrenamiento de etarras en El Líbano, los supuestos viajes de terroristas vascos a Irak... así hasta veinte minutos de preguntas que suenan a ciencia ficción. Pero anticipo de otras tantas que vendrán inevitablemente en nuevas sesiones por muy estrecho que parezca ya el resquicio para introducirlas, después de casi mes y medio de doble sesión diaria en la Casa de Campo. Con la orden de Gómez Bermúdez a los policías sobre Parot, “ya pueden llevárselo”, se acabó la presencia del terrorismo de ETA en la Sala.

A QUIEN DEFIENDE. Durante toda la declaración de etarras el acusado Jamal Zougam ha prescindido de usar los auriculares que le ofrecían la traducción. Y Basel Ghalyoun, habitualmente serio en las sesiones, escuchaba bastante animado y sonriente. Al otro lado de la pecera el abogado que han contratado para que logre su absolución, Abascal, hacía su trabajo de esta manera. ¿Realmente para librar de la condena a sus clientes? Habrá que esperar a su informe final ante el Tribunal para entender que relación tiene su actitud con su trabajo de defensor. Sin duda será sorprendente.

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