Uno de los problemas actuales del socialismo andaluz es su endogamia, su ensimismamiento, la concentración en sí mismo, todo lo contrario de lo que pretendía con el relevo de Chaves por Griñán, que era modernizar su imagen y renovar los medios –la cara del cartel electoral- para conservar el fin: el mantenimiento del poder en Andalucía.
Demasiado idílico. Ni tan siquiera la amistad de los protagonistas del relevo ha conseguido que el diseño de la etapa post Chaves esté exento del “guerracivilismo” de anteriores etapas del PSOE andaluz.
El recambio tranquilo ha acabado por convertirse en una mudanza a la desesperada: desdiciéndose a sí mismos e intentado hacer de la contradicción virtud, los socialistas andaluces han picado el anzuelo que les ha puesto el insaciable Griñán, el heredero de la Presidencia de la Junta, y van a convocar un congreso extraordinario que lo aupará al liderazgo del partido. El mismo cónclave que, hasta hace escasos días, se iba a celebrar en su tiempo y en su forma, y que no era conveniente convocar ahora, cuando lo que apremia es la lucha contra la crisis económica y preservar el minuto de gloria –o de pena- de Zapatero al frente de la UE.
Los socialistas han picado el anzuelo de ese gran pescador de oportunidades que es Griñán: la divulgación de la encuesta oficial, que da ganador al PP de Arenas en las elecciones autonómicas, ha logrado el objetivo que perseguía el presidente andaluz: poner de los nervios a la mayoría del partido resistente a su liderazgo. En el río revuelto de una encuesta cocinada a la medida de Griñán, el pescador ganador ha sido el propio Griñán, al interpretar, pícaramente, los deseos de cambio de la inmensa mayoría de los andaluces encuestados como una adhesión a la urgente necesidad de que él lidere el partido.
Poco de lo que el nuevo presidente de la Junta ha hecho hasta ahora ha tenido en cuenta el interés de los andaluces. Todo, desde la aceptación de la liquidación de la Deuda Histórica en solares a los silencios frente a los desdenes de Zapatero a Andalucía, a la que ni visita ni ha mimado con planes de empleo como a Canarias o Extremadura, ha tenido como fin asegurarse el “cariñito” de los que lo colocaron en el sillón presidencial de la Junta.
Con la decisión, endogámica, egocéntrica y pelín arriesgada, de celebrar ahora un congreso, los socialistas, con Griñán a la cabeza, han mandado a los andaluces un mensaje malévolo: lo importante no es luchar contra el paro, sentar las bases de la recuperación económica o no entorpecer la de ya por sí difícil presidencia europea de Zapatero. Lo prioritario para Griñán es acceder al control del PSOE y si hay alguna recuperación en su agenda esa no es la económica de Andalucía sino la electoral del partido en las encuestas.
Aunque está por ver que el PSOE le ceda a Griñán algo más que el título de secretario general, algo más que le pueda permitir desarrollar su, hasta ahora, desconocido proyecto de gobierno y confeccionar un equipo a su medida, mucha carne ha puesto el presidente andaluz en el asador. Si el PSOE confirma su tendencia a la caída en las próximas elecciones municipales, el que se queme será él y llegará, si llega, bastante chamuscadito a las autonómicas.