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Zapatero la crisis le ha abierto la ceja y
Rajoy no deja de golpearla una y otra vez. Cree que guantazo a guantazo acabará noqueándolo al final, pero el k.o. no llega porque no tiene pegada. Fiel a sí mismo, el líder de la oposición continúa empeñado en que lo único que importa es ridiculizar y noquear al rival, sin preocuparse un solo minuto convencer a nadie más que a los suyos de que tiene una oferta real para solucionar los problemas del país, y sin tener la mínima capacidad política no para aceptar, sino para obligar a este Gobierno a pactar. Escenifica tanto su desprecio por el rival que hasta se permite gracietas tan absurdas como decirle a la bancada socialista que le traigan otro contrincante, que a éste ya se lo ha despachado.
A cada golpe Zapatero se agarra y se agarra al rival, busca aire, se faja como puede y aunque está contra las cuerdas siempre encuentra una finta para salirse antes de que acabe cada asalto. Y además aún tiene fuerzas para lanzar un directo a la mandíbula que hace tambalearse al rival. Erre que erre, Zapatero sigue sin reconocer que la crisis le ha rebasado, que ahora hace lo contrario de lo que decía que iba a hacer, que improvisa como puede para ir saliendo del paso, que no hay recetas ¡maldita sea! que resulten milagrosas y que cada vez los malos datos, machando empecinadamente a la contra, dan menos margen para seguir tirando de voluntarismo.
Los dos siguen confiados en su propio cuento de la lechera.
Si la EPA del primer trimestre no es tan mala, si los mercados dan respiros, si pacifica el debate de las pensionen en el pacto de Toledo, si para primavera hay acuerdo en el diálogo social sobre alguna reforma laboral, si
Pepiño Blanco fuerza que se pacte algo en Alcalá, 9 con la mayoría de los partidos, si, si… entonces Zapatero estará seguro de haber ganado el combate.
Rajoy, en cambio, sigue fiándolo todo a poder acariciar, como decía Montoro, los cinco millones de parados, a que
Díaz Ferrán se resista a cualquier acuerdo de reforma laboral, a la presión de los mercados, a que el Finantial Times siga dándole palos a Zapatero, a que nadie le pacte nada a este presidente. Porque ese va a ser ahora el objetivo número 1 de Rajoy: que fracase estrepitosamente el pacto con todos los partidos que ha puesto en marcha el presidente. El PP va a poner ahora todos los palos en la ruedas del pacto igual que lo hizo en la anterior legislatura para evitar por todos los medios que saliera bien el proceso de paz con ETA. Si todo eso sale, debe pensar Rajoy, nada le impedirá triunfar sobradamente en las elecciones autonómicas, municipales y, finalmente, en las generales.
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Se equivocan lo dos. Zapatero no puede seguir eternamente cambiando su política y haciendo hoy – recorte presupuestario, reforma laboral, cambio en las pensiones - lo que negaba ayer. No habrá pacto que salve al presidente mientras la economía siga cuesta abajo, por mucho que modere la caída, y mientras que las colas ante las oficinas del INEM sigan dándole vueltas y vueltas a las oficinas como la cuerda a la peonza.
Rajoy jamás será una alternativa real mientras siga por la vida de demolition man, incapaz de convencer a este país de que busca algo distinto a conseguir el poder como sea; absolutamente negado para construir algo consistente, sea pacto, acuerdo, lo que sea; un cero a la izquierda para tomar ninguna iniciativa relevante que comprometa seriamente al Gobierno, logrando, además apoyos de los demás grupos. ¿Se acuerda de cuando el imberbe líder de la oposición José Luis Rodríguez Zapatero comprometió al todopoderoso presidente
José María Aznar a firmar un pacto antiterrorista? El dijo entonces que Zapatero se había sacado un conejo de la chistera. Pero aquel “conejo” convenció al personal de que Zapatero tenía trazas de político responsable y comprometido seriamente con los problemas del país. Justo el perfil del que carece Rajoy en todas las encuestas por muy ganador que le den.
Cuando el fragor de la batalla acabó, Rajoy tuvo que reconocer que está solo con los suyos, muy enaltecidos eso sí, pero incapaces de sumar un solo apoyo para cambiar las cosas. Mucha leña pero casi toda inútil. Enfrente, casi agotado y tumefacto por los golpes recibidos, Zapatero aún tiene aire suficiente para lograr pactos y acuerdos con los otros grupos. Demasiadas fintas políticas y artificios creativos, habrá que ver si alguno válido. ¿De verdad que a alguien le importa quien ganó a los puntos?