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Los Papas, el sexo y las habladurías

Los Papas, el sexo y las habladurías

domingo 04 de abril de 2010, 14:49h
Actualizado: 06 de abril de 2010, 08:12h
Durante la misa del pasado Domingo de Ramos, el papa Benedicto XVI dijo, en el comentario la “tercera caída” de Jesús, que no se verá intimidado por las "mezquinas habladurías" de la "opinión dominante" tras la aparición imparable en numerosos medios de comunicación de todo el mundo de los ya innumerables casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes y religiosos (amén de no pocos obispos y hasta algún cardenal) contra menores de edad, a lo largo de los últimos 50 años. El papa Ratzinger no quiso aludir a la pederastia clerical, y sólo se atrevió a añadir que el hombre, en ocasiones, "cae en lo más bajo, a niveles vulgares y se sume en el pantano del pecado y la falta de honradez".

Además de los miles de sacerdotes de todo el mundo encausados y algunos condenados, habría que resaltar los delitos de pederastia (que no sólo pecados) de 6 obispos norteamericanos, 4 irlandeses, 2 canadienses, dos austríacos, un alemán, un escocés, un argentino, un australiano, un polaco, un francés Siendo gravísimo el tema de la existencia constatada de los inacabables casos de pederastia, lo es tanto o más el hecho del trato de favor que estos clérigos y obispos denunciados –y no pocos de los primeros condenados por la justicia civil- han recibido por parte de las jerarquías vaticanas. El hecho más sorprendente y repugnante, el de que lo s últimos Papas prohibieran, bajo pena de excomunión, ¡a verdugos y víctimas!, denunciar tales crímenes, convirtiéndolos así en “pecados” (y no “delitos”) reservados al arcano silencio vaticano. Se amenazaba con la excomunión a las víctimas si denunciaban los abusos, y se trasladaba a los abusadores, sin que recibieran ningún tipo de castigo.

Lamentablemente, esta prohibición se instituyó durante el pontificado de un papa tan querido y admirado por el mundo contemporáneo como Juan XXIII (Crimen sollicitationis, 16 marzo 1962), -firmada por la mano férrea del cardenal Alfredo Ottaviani- pero mantenida de forma sangrante por sus sucesores Pablo VI, Juan Pablo II y, por mucho que algunos quieran negarlo, Benedicto XVI mientras fue (cerca de 20 años) Prefecto para la Sagrada Congregación para la Fe (y Buenas Costumbres, la antigua Inquisición). Mientras fue cardenal Ratzinger supo de las innumerables denuncias contra curas y obispos pederastas, sobre las que mantuvo el impuesto silencio, entre otras razones, porque algunas de esas denuncias recaían sobre el brazo derecho del papa Wojtyla, Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.

Entonces, ¿cómo es posible que el actual Pontífice, Benedicto XVI, diga, pensando en alto sobre la tercera caída de Jesús, que “no se va a sentir intimidado por las mezquinas habladurías de la opinión dominante?” Lo que Ratzinger llama “habladurías“ son las referidas a su posible complicidad con los clérigos (algunos de alta jerarquía) acusados de pedofilia y abusos sexuales a niños en Alemania, su patria natal, y a la defensa de uno de los clérigos más tenebrosos de los EE.UU. acusado de violar durante años a cientos de niños sordos. Sin olvidar el comentario realizado por el papa en una carta en la que se pedía perdón por los casos de pederastia en Irlanda, y donde añadía que se debe ser “intransigentes con el pecado, pero indulgentes con el pecador”, y que “el que esté libre de culpa que tire la primera piedra”, o la homilía durante la procesión del Viernes Santo en la plaza de san Pedro, en la que un predicador franciscano de la confianza del papa ha relacionado la persecución que dice sufrir la Iglesia Católica con el Antisemitismo.

¿Habladurías? Quien suscribe anima a sus lectores a ojear el último libro de Eric Frattini, Los papas y el sexo (Espasa, 2010), una documentada historia en la que se van desgranando siglo a siglo y papa a papa las estremecedoras biografías de los Sumos Pontífices de la Iglesia en lo que a sus conductas respecto al sexo (y a sus aspectos colaterales) se refiere. Sólo por esta tenebrosa historia de muchísimos de sus 262 predecesores, el papa Ratzinger debería haber obviado este comentario, en el que parece haber pretendido reducir a meras habladurías la patética y criminal realidad de los clérigos, obispos y hasta papas pederastas que han venido “adornando” la historia de la Iglesia desde la muerte de San Pedro, además de la suya propia. Frattini fundamenta su investigación en más de 200 autores y llega a conclusiones tan estremecedoras como las que señalan que han llevado las llaves de Pedro y gobernado la Iglesia (sin contar ahora la lista de papas simoníacos y asesinos) 17 pontífices pederastas, 10 incestuosos, otros tantos proxenetas, 9 violadores y 22 homosexuales, entre los que incluye a Pablo VI, lo que daría lugar a una exacerbada polémica en su tiempo entre el Vaticano y el conocido escritor francés Roger Peyreffitte, que hizo pública la posible homosexualidad del papa Montini, a raíz de las condenas papales a diversas realidades sobre el comportamiento sexual de los creyentes. Los capítulos referidos a los papas del siglo XX y al propio Benedicto XVI no tienen desperdicio.

¡Qué dura y férrea ha sido la mano del papa Ratzinger para condenar los “delitos” de la Teología de la Liberación, y qué blanda –y silenciosa- a la hora de señalar los abusos de niños por parte del sagrado clero de la Iglesia Católica! ¡Habladurías! Lo que habría que hacer es pedir perdón y reconocer los crímenes cometidos, en vez de volcar las quejas sobre las víctimas y arropar con el silencio cómplice a los verdugos.
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