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¿Menos funcionarios?

¿Menos funcionarios?

El Gobierno se ha comprometido a una reducción del número de altos cargos de la Administración. También quiere cerrar o fusionar aquellas empresas públicas de las que se pueda prescindir. El Gobierno es el principal empresario del Estado, con un excesivo número de funcionarios y unos altos que a veces se duplican y hasta se triplican en las administraciones municipales, autonómicas o en la central.

Los ciudadanos, en un país con cuatro millones y pico de parados, perciben ese derroche de dinero público, esa exhibición de coches oficiales, de guardaespaldas, de secretarios, de asesores, de “enchufados”. No es un problema exclusivo de la Administración de Rodríguez Zapatero, sino que es un mal endémico de la democracia española. Pero ocurre que, en los tiempos de las vacas flacas, esos desmanes se notan más y se reciben con mayor cabreo.

Todo esto está relacionado también con la necesidad que tienen los partidos políticos de colocar a sus leales. Hay personas que se suben a un coche oficial a los veinte años y se jubilan sin bajarse de él. El monstruo de la burocracia es un atentado contra el buen sentido. Y no sólo en el Poder Central. Hay ayuntamientos diminutos que se gastan hasta lo que no tienen, y se endeudan hasta las cejas, en asesorías, hermanamientos, protocolos y relaciones públicas.

Con todo esto hay que acabar.  Y cuanto antes. Para salir de la crisis es imprescindible un pacto nacional de austeridad, buscando la eficiencia al precio más bajo.

Por lo demás, la Administración debe ser ejemplar en esos aspectos, pero no lo es. No se les puede pedir a los españolitos de a pie que ahorren energía o que reciclen la basura o que gasten solamente el agua que necesitan, y decírselo desde un restaurante de cinco tenedores o desde un despacho en que no se da un palo al agua.

A veces uno piensa, cuando ve los sobrecostes monumentales de las obras públicas o las desmesuras de las contrataciones innecesarias, que este país necesita un ama de casa. Una señora de la casa que calcule los ingresos y los gastos, y que haga las cuentas. No está el horno crematorio para bollos, y es imprescindible cortar por lo sano.


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