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La justicia española en el banquillo

La justicia española en el banquillo

La justicia toma a veces caminos insospechados para quienes la transitan, incluso incompresibles o ridículos. Es el caso del Juez  Baltasar Garzón, quizás el más internacional y conocido miembro de Poder Judicial alguno que exista o haya existido jamás, si consideramos  principalmente la época que le ha tocado vivir, que no es otra que la de las comunicaciones globalizadas, la del reconocimiento institucional de los delitos de lesa humanidad y la del desarrollo del concepto de jurisdicción universal. Su determinación y particular ejercicio de la investidura de juez lo ha llevado a convertirse en una especie de espíritu justiciero en sonados casos como el de la llamada "guerra sucia" contra el terrorismo de Estado en el que resulto afectado el gobierno de Felipe González por  la aparición de  los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL),  el del dictador Augusto Pinochet, por la muerte y tortura de ciudadanos españoles durante su mandato, y por crímenes contra la Humanidad, el de la condena del militar argentino Adolfo Scilingo que abrió la posibilidad de que se levantaran en España cargos de genocidio contra funcionarios argentinos por la desaparición de ciudadanos españoles durante la dictadura de 1976-1983, y mas recientemente las averiguaciones de la trama Gürtel que han destapado una verdadera olla podrida dentro del Partido Popular. Garzón abrió también una averiguación sumaria contra el BBV por presunto lavado de dinero, trató de allanarle la inmunidad a Berlusconi siendo Primer Ministro, e incluso tuvo la intención de investigar al mismísimo Henry Kissinger por la aparición de dictaduras en America Latina  en los 70 dentro del marco de la denominada Operación Cóndor. Es decir, que razones para levantar escamas en piel ajena y ganarse  la animadversión de unos cuantos le sobran. Como le sobran las averiguaciones y procedimientos judiciales en contra a lo largo de su carrera, aunque todos sin éxito.

Es por eso que esta última acusación contra Garzón, bajo el delito de prevaricación por investigar como juez penal de la Audiencia Nacional Española, las desapariciones registradas durante la Guerra Civil y demás crímenes del franquismo, carece de credibilidad para  la opinión pública internacional y, en general, para la española. Aun teniendo en cuenta que fue el propio juez Garzón quien se declaró incompetente, meses después, al concluir que la responsabilidad penal de Franco y de otros altos mandos de su régimen había prescrito debido a la muerte de todos ellos, y a declinar la competencia en los Juzgados de Instrucción de los municipios donde existen fosas comunes, lo que condujo a sus detractores a preguntarse ¿ y para que lo hizo?, lo cierto es que nada le prohibía a Garzón asumir la investigación como propia y legítima; ni siquiera la  Ley de Amnistía del 77 que, en todo caso, era anterior a la Constitución.

Las virtudes personales siempre ayudan en la función de un juez, pero lo defectos, aunque sea uno solo, pueden echarle a perder su labor completamente, porque empañan su juicio. Además, el éxito y la fama no siempre son bien vistos, ni siquiera por el gremio. El egocentrismo del Juez Garzón que algunos consideran simple vanidad, es el que realmente ha sido sentado en el banquillo de los acusados. Al menos la ultraderecha española no se lo perdona, y representada en la querella por el sindicato ultraderechista Manos Limpias, la asociación Libertad e Identidad, la Falange Española de las JONS, junto con la anuencia de algunos sectores de la judicatura, personalizados en el juez del Tribunal Supremo Luciano Varela, conjuraron esta maniobra política con el único propósito de  inhabilitar a Garzón y separarlo de su cargo. 

 Además del nefasto precedente y la ola de casos por prevaricación que se van a dar contra los jueces españoles; pensamos  que este juicio contra Garzón va a dejar muy mal parada  a la justicia española, que de por si ya tiene algunos flecos sueltos con l las conclusiones de la investigación del salvaje ataque terrorista del 11M, que arrojó mas dudas que certezas sobre su autoria y los verdaderos culpables, y que podría abrir un nuevo capitulo, no exento de escándalos, si el PP llega a la Moncloa en las próximas elecciones. 

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