Juicio al Fiscal; tribunal o tarima
jueves 15 de abril de 2010, 17:30h
Última actualización: jueves 22 de abril de 2010, 23:18h
La Comisión de Fiscalización tomará una decisión crucial: seguir o archivar el juicio político al Fiscal. Como nunca priman los cálculos políticos, más que los argumentos a favor y en contra del juzgamiento.
Desde la vigencia de la nueva Constitución, las normas del juicio político han cambiado a tal punto que de las 800 investigaciones adelantadas por los parlamentarios y de los anunciados procesos de fiscalización, ninguno ha prosperado. Pasaron a “mejor vida” importantes indagaciones al más alto nivel, se archivó una causa tan decidora como la compra de los helicópteros indios y se truncaron las denuncias en el sector de la salud.
Este juicio se ha convertido en emblemático. Más allá del episodio del accidente que lo desató, aquí está en juego el verdadero sentido que un Parlamento tiene en un sistema democrático: la fiscalización a los demás poderes. Está a prueba la independencia entre poderes.
El Estado de derecho y su vigencia se quebrantaron en el 2007 con el cierre del Congreso por una cuestionada decisión del Tribunal Electoral, desde entonces se conculcó la facultad vital del poder legislativo en democracia.
Hoy, a la luz de las nuevas normas, la tramitología vuelve engorroso el proceso de juicio político.
Pero hay variables: Si el juicio se cierra, esta Asamblea habrá demostrado de una vez por todas su impotencia e inoperancia en materia fiscalizadora.
Si el juicio camina quedan tres opciones: que el Fiscal renuncie antes, durante o después del proceso; que sea censurado, lavando en algo la imagen de la maltrecha fiscalización o que salga absuelto y su poder político crezca.
Más allá de todo, este episodio ha refrescado los peores momentos de la era “partidocrática” que el discurso oficialista intenta hacer pensar que concluyó.