jueves 15 de abril de 2010, 17:31h
Última actualización: jueves 22 de abril de 2010, 23:18h
El pasado 13 de abril, los maestros ecuatorianos celebraron su día. Unos con mucho trabajo, otros con la agenda a medias, pero todos con una realidad nueva generada a partir de la decisión política de darle a la educación una importancia que en otros tiempos no la tuvo.
Más allá de los homenajes y ceremonias que se dieron en esta fecha, vale destacar el optimismo y los logros cada vez mayores en este importante indicador social que mide la conciencia y la cultura de los pueblos.
Los educadores fiscales de hoy poseen nuevas herramientas virtuales a la mano. Cada vez están más conectados a las denominadas tecnologías de la comunicación e información, que antes solo eran privilegio de escuelas y colegios privados.
La capacitación permanente, cursos de lectura crítica a miles de maestros a nivel nacional, con material didáctico incluido, son solo dos ejemplos de una atención que es una realidad innegable.
El futuro de la educación en nuestro país se la puede avizorar con optimismo, porque son varios los organismos que convergen a favor de los estudiantes y maestros.
La educación gratuita está garantizada y, de alguna manera, está recuperando el prestigio y la confiabilidad que otrora la tuvo. Antes era un honor pertenecer a colegios emblemáticos del país, donde se educaron grandes figuras de la política, el arte, la ciencia y la economía del Ecuador. El maestro tiene mucho que ver en este cambio de imagen de la educación, pues su trabajo sigue siendo un apostolado que se sustenta en sacrificio, más que en un salario.