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¿Por qué el Mesías aún no llega a Israel?

jueves 22 de abril de 2010, 06:42h
Última actualización: domingo 26 de septiembre de 2010, 16:02h

Esta no es una pregunta de opción múltiple. En todo caso, es una pregunta con múltiples repuestas pero que apuntan, todas, a una realidad única: la traición a la fe religiosa judía y a sus mandamientos, esencialmente humildes y humanistas, por parte del estamento político y militar que desde el siglo XIX “inventó” desde Europa el “retorno a las tierras bíblicas de Sión” —de ahí el nombre de sionistas—, en Jerusalén, y la implantación del Estado de Israel a costa de la sangre, la vida y la muerte de los palestinos que ahí habitaban y, por extensión, de cualquier otro que no sea judío.

El asalto de comandos israelíes en aguas internacionales a la flotilla civil que llevaba a Gaza toneladas de alimentos y medicinas, es sólo un eslabón más en esta interminable saga, donde han sido los gobernantes sionistas —no el pueblo “judío”— los principales responsables de la violencia en Oriente Medio, movilizando a Dios con fines de conquista, sobre todo a través de los colonos que siguen desafiando a los árabes al ocupar sus tierras reconocidas hasta por la ONU.

En sus oraciones, los judíos de todo el mundo exclaman: “retorno a Jerusalén”. Pero más que el regreso en sí, la invocación alude a la perfección mesiánica, es decir, el arribo de un mundo mejor que incluiría, entre otros, un retorno —operado por Dios, no por los hombres— del pueblo judío a la Tierra de Israel. De ahí que para la religión judía la conquista militar de la Tierra Santa es una blasfemia; como también lo es el abrumador poder de fuego del régimen israelí, cuyo ejército aterrorizaría sin duda al Mesías, que según la tradición debe llegar a lomo de asno (para destacar la humildad del hombre ante Dios).

Es más, de seguro las tropas de Netanyahu exterminarían al Mesías, al confundirlo con un pobre palestino, usurpando de nueva cuenta la voluntad divina en función del proyecto nacional-sionista, que reivindica para sí la preferencia del “pueblo elegido”. Al respecto, dice el rabino Moshe Sober (1955-2006), uno de los traductores del Talmud al inglés: “La noción según la cual nosotros podemos hacer lo que nos plazca, sucumbir a toda clase de tentaciones, o comprometernos con cualquier forma de expansión imbécil sin temer un castigo porque tendríamos ‘línea directa’ (inside track) con el Omnipresente, está en el extremo opuesto de la fe religiosa. En efecto, es una afrenta a Dios si usurpamos la autoridad de determinar el curso de la historia”.

Opinión extraída del Periódico Milenio 02/06/10

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