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La brújula

La brújula

martes 01 de junio de 2010, 22:30h
Última actualización: lunes 07 de febrero de 2011, 13:44h

Tengo uno de esos teléfonos llamados 'inteligentes'. Un bichillo simpático que me permite (previo pago) consultar la prensa, enviar y leer correos, jugar al sudoku, escuchar música, tomar fotografías o vídeos, e, incluso, si es menester, hacer y recibir llamadas telefónicas.

Y es que lo que solemos llevar ahora en el bolsillo es mucho más que un simple teléfono. Toda una panoplia de aplicaciones, gadgets, y demás bontoncillos en la pantalla (hasta el teclado vive en la pantalla), llena de ventajas en esta rara vida que vivimos.

Por supuesto, el artilugio tiene un programa que me permite saber dónde estoy y qué tengo que hacer para llegar a otro destino por el camino más corto y lo mismo da que vaya a pie o en automóvil.

En fin, improbable lector, ya sabes de qué escribo y, si no, pronto lo averiguarás, porque en nada de tiempo las compañías de telefonía  dejarán de vender o regalar móviles que no posean todas esas sabidurías y aquellos que sólo usen el aparato para llamar o recibir llamadas serán extraños entes carpetovetónicos, analfabetos digitales y demás calaña sin evolucionar.

Uno de los últimos gadgets que he incorporado al 'telefonino' ha sido una brújula. Tiene un diseño precioso. Recuerda a los mágicos ingenios de antaño con su aguja siempre señalando al Norte, pero incluye además posicionamiento GPS, la posibilidad de recordar dónde estabas aquel día y volverte a llevar al lugar deseado. En fin, lo incluye todo… salvo que misteriosos campos magnéticos influyan en su capacidad de decidir dónde está el Norte, la aguja se vuelva completamente loca y, aun cuando sepas fehacientemente dónde están los puntos cardinales, la brújula se empecine en decirte que no y que no, que el Este está en el Oeste y que tú estás más perdido que un Ministro de Economía aquí y ahora.

Total, creo que voy a desinstalar la dichosa brújula. Me confunde. Me despista. Hace que me pierda. Me da miedo a veces. Mucho miedo. Tanto como la gente que cambia de opinión a cada momento. Que rectifica lo escrito casi a la misma velocidad que lo ha aprobado. Que ni dice lo que piensa ni piensa lo que dice…

A ver si lo que he instalado en el teléfono listo es una veleta en vez de una brújula. A ver si quien debería guiarnos nos confunde y ha perdido no sólo el Norte sino los otros tres puntos cardinales…

Tengo miedo de estar perdida. O, puede ser, tengo más miedo de que estén perdidos quienes deberían saber llevarnos a un puerto seguro.
Puedo desinstalar la brújula, pero no sé, francamente, qué hacer con los otros.

Ana Ruiz Echauri. Periodista.

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