La obligación de un presidente de la Generalitat es defender a Cataluña. Como se sospechaba -bueno, no desde ERC, que fueron quienes le colocaron- en la cabeza del actual máximo mandatario de Cataluña sólo está España. Ahora, quien antes de acceder a su actual cargo se posicionó por introducir 62 enmiendas en el texto estatutario que salió del Parlament, se descuelga con una nueva perla. En su libro Catalanisme arremete contra algo tan beneficioso para Cataluña como el concierto económico porque, según dice, "haría inviable la propia existencia y cohesión de España". Que es lo único que parece importarle, aunque Cataluña salga perjudicada.