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Recorriendo el Camino Interior

Recorriendo el Camino Interior

miércoles 28 de julio de 2010, 22:40h
Gentes de todo el mundo recorren a diario La Vía Láctea. Este año especialmente, porque el año santo jacobeo ha levantado una especie de eclosión que muchos tenían dormida en su interior y avanzan cada día hacia el Campo de la Estrella.

Caminan de noche y de día, la marea humana no se para nunca. Es algo inexplicable pero que cada uno interpreta a su manera.

No importan los motivos: los hay laicos o agnósticos, deportivos, culturales o personales. Los hay religiosos, de creyentes que van a ganar las indulgencias que ofrece la fe cristiana.

No importa. Cualquier motivo es válido para recorrer el Camino porque al final cada uno está haciendo su propio “Camino Interior”.

Es cierto que hay etapas duras, dolor, cansancio, incluso arrepentimiento en algún momento por haberte metido en este lío, pero las largas horas de silencio andante, son un bálsamo que te ayuda en tus heridas. Los paisajes, las gentes, los olores que disfrutas no tienen parecido. Nunca verás algo similar.

Los ingredientes que vas juntando en cada etapa resultan finalmente una mezcolanza que te engancha. A partir de tu despedida del Apóstol ya nada será igual. Quieres volver. Has llegado después de tantos kilómetros recorridos, después de tantas experiencias vividas y que cuando te derrumbas agotado en las losas de la Plaza del Obradoiro y miras al cielo sobre tu mochila, lloras como un niño al comprobar toda la grandeza de lo divino y de lo humano unidos.

Es la unión perfecta que tan pocas veces podemos comprobar y disfrutar: la vía láctea, las torres de la catedral de Santiago, el cielo infinito y los miles de personas que día a día se acercan a esta fantástica convergencia inexplicable.

He visto personas haciendo el camino en chanclas. He visto tullidos agarrados a otros compañeros para poder llegar, casi arrastrándose. He visto solidaridad y ayuda a quien lo necesita. Es el triunfo de la voluntad. La respuesta humana a un reto interior.

Después, concluido el camino y pasado algún tiempo, te olvidas de las botas, las conchas, las ampollas, los albergues, el caldo gallego, la mochila, la lluvia, los peregrinos, las iglesias, el cansancio y entonces, al volver a la rutina, te das cuenta de que sin embargo sigues recorriendo, cada día, tu “Camino Interior” y muchas veces sientes como que alguien te grita: ¡¡¡ Recuerda Compostela !!!

Efectivamente algo cambia en nosotros haciendo el Camino de Santiago.

Jesús Merino. Abogado.

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