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Reflexión y voto

viernes 25 de mayo de 2007, 18:01h
Actualizado: 10 de octubre de 2007, 11:36h

La campaña electoral, que mantuvo durante quince días a los medios de comunicación atentos a cualquier movimiento, gracia o frase ingeniosa de cada candidato, ha concluido, afortunadamente. Lo agradecen los informadores que han terminado agotados no sólo de tanto viaje a lo largo y ancho de la Comunidad de Madrid sino de oír siempre lo mismo.

También los votantes, a los que algunos consideran personas menores de edad e incapacitadas para pensar por sí mismas. Los partidos políticos consideran que tienen, en vez de seguidores, adictos a sus teorías y planteamientos y creen que sus terapias de mantenimiento garantizan la fidelidad a unas siglas, aunque las propuestas cambien para adaptarse a los nuevos tiempos y a los nuevos gurús de la mercadotecnia. Los que más posibilidades tienen de arrancar una buena porción de la tarta, populares y socialistas, no hacen ascos a nada y persiguen al ciudadano votante hasta su domicilio para convencerle de que lo importante es meter la papeleta de su sigla, no porque sus planteamientos son los mejores sino porque los del contrario son una mierda, además de la puerta de acceso al infierno terrenal.

Para calentar a los suyos contra los  contrarios, unos invitaron a sus actos a personajes que pedían el voto para el PP y sobre todo para que los contrarios no nos acerquen a la cruenta guerra civil entre españoles. Defender ideas es lo correcto en una democracia, y no lo es tanto exponer que lo único que tienen en mente es el poder por el poder, que se alcanza de muchas maneras, también, a veces, desde la indecencia y la ausencia absoluta de  principios.

Si las afirmaciones de Aznar sobre la inutilidad de votar a cualquier formación que no sea la suya caen en los demás como verdaderos chuzos de punta, ¿qué decir de los que han comparado a este señor de bigote y con melena, marido de Ana Botella, con Franco y Hitler? El dictador alemán no insultaba nuestra inteligencia, que también, sino que sencillamente gaseaba a los impuros de raza y pensamiento, y el de los 40 años de paz llenaba las cárceles de opositores y los cementerios de alimento para los gusanos. Los excesos, que no son buenos más que para calentar el ambiente y quedar bien ante los suyos, quizá alejen a muchos a los que van dirigidos los exabruptos que marcan el camino de las urnas como si fuera el recorrido al matadero. El día de reflexión, anterior al 27 de mayo, puede servir para abrir los ojos de muchos ciudadanos supuestamente teledirigidos y ayudarles a acudir a las urnas en masa para votar no contra nadie sino a favor de alguien.

Eso es lo que haré yo. Mis papeletas llevarán la sigla de IU y los nombres de Inés Sabanés y Pepe Masa, alcalde del pueblo donde  vivo. La primera, una buena mujer que lleva muchos años defendiendo la justicia social desde el Ayuntamiento de Madrid, el Congreso de los Diputados y la vida misma. El segundo, un hombre y un vecino de Rivas que poco a poco está consiguiendo hacer de la política una digna actividad sin considerarse el más guapo del barrio. Al resto de candidatos, no los consideró enviados del mal ni enemigos, sencillamente no pongo su nombre en mi papeleta de voto. Perdón por si alguien se siente ofendido.
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