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La vida no es sueño

La vida no es sueño

Uno de cada cuatro españoles experimenta dificultades para dormir que, hace uno o dos años, no padecía. Un estudio de la Universidad Complutense y del Laboratorio del Sueño Humano relaciona este fenómeno con los problemas laborales y el miedo al paro, que hasta hace poco se situaban por detrás de las preocupaciones por la familia y la salud. Irritabilidad, fatiga y falta de concentración son algunas de las consecuencias de esa patología, que a la larga aumenta el riesgo de padecer enfermedades más graves, como hipertensión, diabetes y depresión.

También los expertos anuncian un agravamiento de estos síntomas con el cambio horario que se producirá el próximo fin de semana, al tiempo que se describe un nuevo fenómeno: el “jet lang” social, que afecta especialmente a los jóvenes que trasnochan en las vísperas de los días festivos y que rompen su ritmo habitual de descanso.

El ser humano es un sujeto de complejidades tanto físicas como psíquicas, y es tan contradictorio que dispone de una “fortaleza vulnerable”.  La cultura de las apariencias impone como norma el simular energía y capacidad de aguante, pero muchas veces la procesión va por dentro y, hasta de un modo inconsciente, somos afectados por lo que sucede dentro de uno mismo o en sus alrededores.
   
Es cierto que hay que tomarse las cosas con calma y, como se lee en el gran poema de Kypling, aceptar la victoria o la derrota con el mismo ánimo, ya que se trata de dos impostores. Pero no todos los seres humanos reaccionan de la misma manera, porque cada individuo tiene algo de prototipo y de ejemplar único, aunque seamos 7.000 millones de personas respirando en el planeta Tierra.

En fin, que no nos han tocado buenos tiempos y que sobrevivir es muchas veces tóxico para la salud, sobre todo cuando estamos hechos unos zorros. Es más difícil, al menos para cinco millones de españoles, abandonar la lista del paro que dejar de fumar, aunque al Gobierno le resulta más fácil prohibir el tabaco que crear empleo.
     
No sé si nos consuela destacar que, en ese mismo estudio sobre el insomnio, se recomienda algo tan español como la siesta. Lo que Camilo José Cela llamaba el “yoga ibérico” no debe sobrepasar los veinte minutos, y favorece la longevidad y evita errores y accidentes laborales.
   
Aquello de Calderón de la Barca de que “la vida es sueño” ha quedado un poco antiguo para la bendita y maltrecha España del siglo XXI.



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