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Ex candidato de consenso

lunes 04 de junio de 2007, 19:55h
Actualizado: 10 de octubre de 2007, 11:36h
Hace siete años Rafael Simancas fue catapultado a la secretaria general del Partido Socialista de Madrid por ser el candidato del consenso ya que contó con el apoyo del guerrismo, entonces mayoritario, y ello sin que se le opusiera la mayor parte del resto de los grupos. Desde entonces, las cosas han variado mucho en el socialismo madrileño.  Los guerristas de José Acosta han perdido fuelle mientras aumentaba la fuerza de los miembros de la llamada corriente de reflexión en la que se encuadran los alcaldes de Parla y Alcorcón, Tomás Gómez y Enrique Cascallana, y los diputados José Quintana o Adolfo Piñedo. También han avanzado en este tiempo los leguinistas, llamados también miembros de Renovación clásica y hoy catalogados como socialdemócratas, como Antonio Carmona. Por si todo ello fuera poco, Simancas supo rodearse de un equipo de fieles como como Ruth Porta, Matilde Fernández o Antonio Romero. El panorama se completaría con los oficialistas como José Antonio Díaz.

El éxito de Simancas fue mantener un difícil equilibrio entre todas las familias y la paz conseguida a punto estuvo de dar excelentes frutos cuando en mayo de 2003 el PSOE acarició a la Presidencia de la Comunidad. Lo que vino luego fue el principio del fin. En vez de plantearse que podía haber problemas internos se mantuvo el status quo y no se acometió ninguna reestructuración en profundidad. Ahora, la debacle electoral no ha permitido seguir mirando al horizonte como algunos pretendían, partidarios de relegar el cambio a septiembre de 2008.

La derrota socialista ha sido de tal calibre en Madrid que, a diferencia de lo que ocurrió hace cuatro años cuando se achacó la pérdida de la presidencia regional a una complot exterior, ahora no ha sido posible culpar a nadie de fuera. Y ello ha provocado que el recipiente que Simancas creía haber arreglado se haya llenado de agujeros en forma de duras críticas y ataques personales. En estas circunstancias, no es extraño que Simancas se haya planteado su papel al haberse difuminado el supuesto consenso conseguido en estos años, incapaz de volver a poner en marcha un proceso de reforma lastrado por  tantos "compañeros" de toda la vida.
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