martes 04 de enero de 2011, 22:15h
Antes de obtener el plácet o aprobación como embajador de los EEUU en Venezuela, el futuro representante formuló críticas muy duras al Gobierno del presidente Chávez. Como consecuencia, Caracas anunció oficialmente que no le concedía el plácet. Poco tiempo después, en Washington, se notificó al embajador venezolano, que se encontraba en su país por vacaciones de Navidad y Año Nuevo, que su visa estaba caducada y que no podría, por tanto, retornar en la calidad diplomática de la que gozaba. No ha habido más declaraciones de ninguna de las partes. Una nota de prensa de alguna agencia internacional sugiere que esta situación podría comprometer los intereses petroleros venezolanos en los Estados Unidos. Pero, oficialmente, nada más. Excepto el encuentro, fugaz y con una sonrisa de ambas partes, entre la secretaria de Estado Hillary Clinton y el presidente Chávez durante la toma de posesión de la nueva mandataria brasileña, Dilma Rousseff el 1.° de enero de este año. Partida apresurada del presidente Chávez de Brasilia sin atender a la cita que tenía acordada con la nueva presidenta. ¿Puede alguien negar la objetividad de la información? Todos son hechos, excepto la sugerencia de la agencia de prensa. Y nada más.
El presidente Evo Morales anuncia una grave medida que ha hecho caer Gobiernos anteriores no solo bolivianos, sino incluso latinoamericanos: subida en los precios de los combustibles entre 57% y 83%. La razón: el contrabando hacia los países vecinos, que ocasiona millonarias pérdidas por año al Fisco boliviano.
Como era de esperarse, paros parciales y amenaza de huelga generalizada. Acusaciones contra el presidente, a quien se pide, por parte de grupos de sus seguidores, que renuncie. Y lo más temible: la subida de precios de los productos de la canasta familiar.
Para la primera semana de enero, se anuncian movilizaciones que pondrían en vilo al Gobierno y la estabilidad del país. Y, de repente, entre final de año y comienzos del nuevo, el anuncio oficial de que la medida decretada, "el gasolinazo", como se la ha calificado, quedaba derogada. La razón: el presidente no podía dejar de escuchar el clamor de la sociedad que lo eligió. Nada más.
¿Sabía el presidente Morales que se iba a levantar una ola generalizada de protestas y desestabilizadora si anunciaba la medida de la elevación de los precios de los combustibles? ¿Creía realmente en lo necesario de esta medida para imponer un sacrificio tan fuerte a la sociedad que lo había elegido?
Al derogar el decreto: ¿qué va a pasar con el contrabando y el daño a las finanzas del país? Y, sobre todo: ¿van a bajar los precios de los alimentos y del transporte y la economía retornará a una normalidad pre-"gasolinazo"? A estas alturas, es posible, como no lo es, que haya consecuencias para la gobernabilidad.
No conocemos sino hechos, pero no entendemos lo que pasa. Acciones que en el pasado habrían tenido consecuencias, hoy no las tienen. Un acontecimiento sigue a otro acontecimiento. Quizás el error sea buscar trascendencia y no liviandad, como proponía Italo Calvino.
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