Nueva manifestación –y van cinco- por las calles de Murcia con una creciente participación, desde que se iniciara la protesta sindical por las antisociales medidas de recorte del gobierno regional, que ha llevado a la calle a un importante número de empleados públicos –casi la mitad de los de la Administración Regional afectados por las duras medidas de recorte-, y que sin violencia física, sí va subiendo el tono de la violencia verbal, conforme se van cargando los ánimos de los afectados por este inicuo trato que les está dando su patrón, el gobierno regional.
Se entiende mal el empecinamiento de un autoritario Valcárcel en el mantenimiento de estas medidas contra viento y marea, e incluso enviando mensajes contradictorios que van desde el apercibimiento a no dialogar mientras haya manifestaciones, a la muestra de enfado derivando responsabilidades a Madrid. Algo que a estas alturas, entre los empleados públicos no cuela, pues no se trata de un colectivo ajeno a la "cocina política y administrativa", y conocen la génesis del problema, que en el presente caso no radica en Madrid sino en Murcia, en la mala gestión de un gobierno de alto porte "presidencialista", que encantado de conocerse a sí mismo, obteniendo un progresivo refrendo electoral, ha empezado a creerse en posesión de la verdad absoluta, distanciándose de la realidad de la calle, entre los halagos cortesanos de los que se rodea.
Si hubiera meditado bien, no hubiera dado lugar a cargar el peso de la crisis sobre los empleados públicos regionales, ya castigados por el genérico recorte salarial impuesto por el gobierno central, y hubiera activado un efectivo y real plan de austeridad en la Administración Regional, suprimiendo consejerías, altos cargos, subvenciones sin fundamento o con escasa razón en el momento actual, parque móvil, retribuciones extraordinarias de altos cargos (dietas, productividad variable, locomociones, gastos de representación –supresión de las tarjetas visa de altos cargos-, etc.), asesores de libre designación, contratas de servicios de consultorías varias, auditorías externas –cuando se tiene control financiero interno desplazado-, y proyectos irreales de calidad.
También debería de haber recortado ya –no demorándolo todo este año 2011, como ha marcado la ley regional promulgada- las empresas públicas, y demás entes regionales, prescindibles en momentos actuales. Centrándose en la prestación de los servicios públicos esenciales para la comunidad, asumidos por sus competencias autonómicas. Y por supuesto, debería de estar funcionando desde hace años un verdadero y efectivo control financiero, a través de interventores de centro, con actuación previa a todo gasto público.
Y por supuesto, cortar de raíz con los proyectos estelares –pues no es el momento-, tales como el Aeropuerto de Corvera, y demás ingenios (Contentpolis, Paramount, programas "non typical" y afines).
Pero, sin embargo se prefirió "darles caña a los privilegiados funcionarios", lo más fácil en una sociedad anestesiada como la murciana, de la que no preverían apenas reacción, inmersos en sus encuestas triunfales, mientras que así se evitaba desmontar el pesebre de amigos, correligionarios, y demás paisanaje.
Ahora bien, como siga el ritmo de contestación creciendo, y las medidas de acción proliferen, este es un litigio que se le puede volver en contra al propio Valcárcel en unas delicadas fechas preelectorales. ¿Hasta qué punto?, lo ignoramos, pues la calle una vez toma la iniciativa es imprevisible el desarrollo que puede alcanzar.
No obstante, hay unos datos objetivos que resulta del frente sindical unido contra el ejecutivo murciano, formado por todo el elenco laboral. Si bien, caso aparte merece el papel asumido por el sindicato médico, que no se suma a las movilizaciones, y se constituye en frente reivindicativo propio con sus representados médicos (aunque médicos los hay que militan o votan también a otros sindicatos) en una extraña alianza con el colegio de médicos –que tienen bajo su control-, y la participación del Decano de la Facultad de Medicina y alumnos de la misma, en un denominado Consejo Regional de la Profesión Médica, estamento novedoso, arteramente utilizado por un lobby de médicos para sus intereses profesionales, y cuya legitimidad para la negociación colectiva ha sido negada por CCOO, con fundamento legal. Pero que están pretendiendo un protagonismo particular y aislado, como colectivo profesional, que pretende recoger privilegios frente al resto de los empleados públicos con los que no se acaban de identificar del todo.
Por consiguiente, con ese frente sindical alzado en protestas contra esta ley injusta e impuesta –como caso único sólo en la Comunidad de Murcia, por la mala gestión del gobierno regional-, no creemos que vaya Valcárcel a jugársela ante la proximidad de unos comicios regionales y locales. Por más que el personaje tenga su ego herido, por más encuestas triunfales que maneje, y por más que quiera aparentar estar por encima de todo esto, refugiándose en su cargo europeo. Aunque quizá por este último motivo, y dado el tiempo que lleva en Murcia, debería de replantearse su continuidad al frente del gobierno murciano, pues además de que parece que ya le queda pequeño, claramente se ha distraído y la gestión se le ha ido de las manos. Siendo esta una de las razones por las que debería de haber ceses en el gobierno murciano, que al menos deberían de alcanzar a las consejeras de economía y sanidad, respectivamente por su mala gestión demostrada en los últimos ejercicios que nos han llevado a la actual situación. Y de paso, Valcárcel si fuera generoso también debería de abrir un proceso sucesorio en su partido y no presentarse a las próximas elecciones, dedicándose a su nuevo cargo en la UE.
EL MIRAVETE