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OPINION/ Victor Gijón

El 'paripé' negociador del PP

El 'paripé' negociador del PP

miércoles 06 de junio de 2007, 18:47h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
El PP organizó su pequeño espectáculo para la galería y PRC y PSOE no quisieron estropeárselo. Las reuniones celebradas en el Parlamento no merecen ser consideradas en el apartado de diálogo o negociación.

Fue simple traslación de consignas nacionales para hacer ver que socialistas y regionalistas no respetan la voluntad popular. Un 'paripé'. Si de verdad los populares hubiera pretendido hablar de la gobernabilidad en Cantabria no se habrían limitado a lanzar el ucase de o Ignacio Diego presidente o no hay nada que hablar. No hace tantos años el PP alcanzaba pactos con el PSOE para respetar las listas más votadas en los municipios. Eran otros tiempos, pero sobre todo otros dirigentes.

Al PP nadie le impedía ofrecer un pacto de Gobierno a regionalistas o a socialistas. Si en lugar de empezar por el final, poniendo sobre la mesa quien debía ser el futuro presidente, se hubiera planteado un acuerdo municipal o un plan de prioridades del futuro Gobierno, estaríamos hablando de otras cosas. Pero a este PP le pierde la propaganda. De tal forma que incluso las declaraciones al término de las reuniones con regionalistas y socialistas estaban preparadas de antemano. En todo caso poco o nada se pareció lo que se dijo dentro a lo que se habló fuera.

En el PP hablan con lengua de serpiente, para utilizar un término muy querido en las películas del oeste. Mienten como bellacos, manejan dos discursos, dependiendo de si sus interlocutores son los regionalistas o los socialistas, y de cara afuera lo que comunican nada tiene que ver con lo que dicen puertas adentro. Al PRC, en los escasos diez minutos de reunión, le hizo llegar la delegación popular dos claros mensajes. Primero, que deberían desconfiar de un PSOE herido por el resultado electoral adverso y que, afirmaron, se encuentra dividido internamente. Segundo, que pactar con el PSOE sería contraproducente cuando Mariano Rajoy llegue a La Moncloa, algo que ya dan por hecho para el año que viene.

El hablar mal de otros es un mezquino recurso que carece de fuerza de convicción en boca de quien se ha pasado cuatro años no sólo hablando mal sino insultando al presidente del Gobierno y líder regionalista, Miguel Ángel Revilla. El vincular el color político del Gobierno de Madrid al color político del Gobierno de Cantabria demuestra hasta que punto las acusaciones de partidismo al Ejecutivo de Zapatero en su relación con Cantabria es demagogia barata. A la salida de la reunión el portavoz del PP, el aspirante a la presidencia regional, no citó para nada los argumentos anteriores y sí volvió a reclamar para sí el derecho a formar Gobierno en minoría, aunque no hizo ascos al apoyo de los 12 diputados del PRC, con lo cual, dijo, se alcanzaría una amplísima mayoría parlamentaria.

Como era previsible en la reunión con el PSOE Diego y los suyos se dedicaron a hablar mal de los regionalistas. En opinión de Diego y los suyos los dos partidos con implantación nacional, es decir PP y PSOE, deberían unir sus fuerzas para frenar el avance del regionalista, que al carecer de sentido de Estado, son palabras más o menos textuales de los populares, devienen en un peligro potencial para la estabilidad regional en sus relaciones con el Gobierno central. A los socialistas les vinieron a contar la milonga del voto perdido a manos de Revilla y de la necesidad, de ellos también pero sobre todo del PSOE, de frenar esa sangría electoral de que, señalaron, son víctimas por parte del PRC. Es un argumento que también manejan algunos socialistas, una minoría, aunque las razones de estos no se sitúen en clave de un supuesto interés general sino en clave interna de lucha por el poder.

Pero ni Diego ni ninguno de los integrantes de a delegación popular que se reunión durante una hora con la comisión socialista que encabezaba Lola Gorostiaga hicieron mención alguna a la propuesta anti regionalismo en la conferencia de Prensa posterior al encuentro. Bien es verdad que ni dentro ni fuera se concretó medida alguna tendente a dar cuerpo a la idea de frenar a los regionalistas, como hubiera sido presentar la lista del Ayuntamientos donde los votos de los concejales del PP permitirían que candidatos socialistas lograsen la alcaldía. De pasada se citó el caso de Torrelavega, donde el cabeza de lista del PP se adelantó a anunciar la abstención envenenada de su grupo para que la socialista Blanca Rosa Gómez Morante mantenga la alcaldía en minoría. Que el anuncio de Ildefonso Calderón llegara poco después de que el regionalista Javier López Marcano hablara públicamente de pacto con condiciones, descubre el carácter oportunista y no oportuno de la oferta.

No parece, por tanto, que hayan tenido éxito los esfuerzos del PP por lograr acrecentar o crear suspicacias y recelos entre los socios del Gobierno regional entre 2003 y 2007. PSOE y PRC tienen delante de si un difícil papeleta por mor de la decisión adoptada por los cántabros en la urnas y que establece una desigualdad manifiesta entre uno y otro socio. En el PSOE se tenía descontado el tirón Revilla por su peculiar forma de ejercer la presidencia. Pero no se preveía que fuera tan abrumador y que, paralelamente, la caída del PSOE se produjera de forma tan pronunciada. Todo indica que muchos cántabros, conformes con la gestión del Gobierno de coalición, extremo que reflejan todas las encuestas, hayan tomado la decisión de votar esa gestión, valorada positivamente, y que la identificación de Revilla y Ejecutivo regional haya beneficiado de forma clara al PRC en detrimento de las posibilidades electorales del PSOE.

A los socialistas el resultado les dejó noqueados en las primeras horas. Momento que algunos fantasmas del pasado aprovecharon para reclamar su minuto de gloria. Pero no habrá congresos extraordinarios, ni catarsis. Si un diagnóstico en profundidad de las cosas que se han hecho mal. Aunque dicho análisis tiene una dificultad añadida: que el balance de la acción de Gobierno, incluida las propias consejerías, es bastante positivo. Si el Ejecutivo no hubiera funcionado bien, si las relaciones con los socios hubieran sido malas y la acción de Gobierno de la consejerías bajo mando del PSOE insatisfactoria, estaría claro que el pacto carecería de futuro. Pero ha sido todo lo contrario. Habrá, por tanto, que analizar no el fracaso de la coalición, sino el desigual trato electoral dado por los cántabros a socialistas y regionalistas.

La secretaria general del PSC-PSOE y vicepresidenta en funciones, Lola Gorostiaga, puso el dedo en la llaga al realizar el primer análisis de los resultados electorales ante la Ejecutiva regional de sus partido. “No hemos sabido vendernos bien”, vino más o menos a decir la líder de los socialistas cántabros. Es el reconocimiento del fallo generalizado en la política de comunicación, que es algo más complejo que editar folletos por miles o lograr que te saquen de vez en cuando en los medios de comunicación menos afines. Ha fallado, sin duda, esa comunicación directa que hace que los ciudadanos conozcan las buenas acciones de Gobierno y las relacionen con aquellos que las promueven y a esos con la formación política a la que pertenecen. Para ello es necesario que consejeros y otros altos cargos tengan un perfil político más definido, más nítido y fácilmente identificable.

Quien piensa que las campañas electorales duran como mucho seis meses se equivocan. Las campañas electorales duran cuatro años. Toda acción de Gobierno, no importa de que color sea este, tiene incidencia electoral. Para bien o para mal. Hay decisiones impopulares de entrada, pero cuya necesidad es evidente. Y hay decisiones muy populares cuya necesidad es más que dudosa. Pero en todos los casos son evaluadas por la ciudadanía y van conformando un cuerpo de opinión que luego tiene su traslado a las urnas.

La dirección socialista tiene ante si la difícil papeleta de conjugar intereses partidarios con los intereses generales de la región. Tan legítimos los unos como los otros. En interés general de Cantabria hay muchas posibilidades de que se reedite el pacto. Y en interés de partido habrá un acuerdo que haga posible que al menos una docena de ayuntamientos pasen a tener alcalde socialista con el voto de los ediles regionalistas. Por cierto, el pacto municipal también beneficia al PRC que salvaría un número similar de alcaldías con el apoyo de los concejales del PSOE.

Por su parte, los dirigentes regionalistas tienen muy presente que se puede morir de éxito y que 12 diputados, con ser un resultado espectacular, no bastan para gobernar Cantabria otros cuatro años. Cualquier intento por hacer valer, por ejemplo en número de consejerías o en cambio de competencias, su resultado electoral, en detrimento del ‘poder’ con que contaba el PSOE, puede poner en peligro al reedición del acuerdo que tan bien funcionó desde el 2003 hasta ahora. No se trata, como algunos plantean de forma sibilina y en clave interna, de demandar la presidencia para el tercer partido, tomando esta posibilidad como si formara parte de costumbres y usos democráticos asentados.

No se olvide que hace cuatro años el PRC fue el que planteó el acuerdo de Gobierno a un PSOE que no se lo esperaba y que se preparaba para seguir en la oposición cuatro años más. Y lo hizo con una propuesta en la que Revilla figuraba como presidente, con un reparto de competencias entre socios y una plan de Gobierno a desarrollar. Es cierto que el PSOE puede adoptar igual postura, pero no como contrapartida a lo ocurrido hace cuatro años. Si los socialitas consideran que su secretaria general debe ser presidenta y lo propone, junto a una propuesta de reparto de áreas y consejerías y un programa de Gobierno para cuatro años, nadie se lo puede impedir. Y estoy seguro de que el PRC aceptaría debatir la popuesta.

En cuando al resultado final sería el que los dos partidos decidan. Por cierto que el crecimiento del PRC en Cantabria se ha dado con Revilla de presidente, pero también cuando era vicepresidente del Gobierno y consejero de Obras Publicas en el gabinete de José Joaquín Martínez Sieso. No es un dato baladí, y los estrategas del PSOE deberían tenerlo en cuenta.

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