Mi jefe se ha tomado unos días de vacaciones. Se va “a la cata del percebe” y me cede los trastos con todas las consecuencias. ¡¡ Menudo jeta!!..., pero este viaje no le saldrá barato. Ya está bien de frenos, cortapisas, chalaneos, compromisos, amiguetes y zarandajas varias que únicamente privan al lector de lo que realmente le interesa. No se trata de dar leña, como equivocadamente piden algunos. Es más sencillo, la clave está en contar verdades. ¿Saben ustedes en qué se diferencian
Guardiola y
Juan Vicente Herrera? Pues en muchas cosas: Uno sale a ganar títulos y el otro a empatar; Pep tiene un banquillo de lujo y Juanvi anda escaso de repuestos; el catalán tiene muchas estrellas y el burgalés muchos estrellados…Puedo seguir pero no quiero, porque aunque algún malpensado (que los hay) crea lo contrario, yo le tengo mucha ley al gran Jefe. Por eso me duelen algunas cosas, porque él deja y deja y luego pasa lo que pasa. Y le pasa, lo mismo que al cancerbero de Mélida (Peñafiel), un tal
Félix Lázaro, que es un blandito.
Yo me pregunto: ¿manda tanto
Isabel (León) Carrasco? O, por poner otro ejemplo: ¿es invencible
Javier (Valladolid) León? Pues la verdad es que no lo sé, pero la una y el otro los tienen bien puestos (los galones). De momento, visto lo visto, no hay quien les tosa porque su poderío político es incuestionable. A sus espaldas, doy fe, les cortan trajes a medida, pero no es menos cierto que, cara a cara, todos, (¿todos?), se arrugan ante ellos.
En la tómbola de alcaldables la suerte ya está echada. No va más. Sobrar, sobra un puñado de zampabollos, que prefiere agarrarse a la teta, aunque la leche ya escasea. Novedades, pocas. Al final tenía razón don
Jacinto que, aunque no era de Benavente, llevaba el apellido: “Los políticos son ustedes como los trajes; los desecha uno por deslucidos; una temporada en el armario y cuando va uno a ver, como nuevos”, ¿Qué tendrá el poder? A lo mejor nos lo cuenta Herrera que, al parecer, ya está un poco cansado de tanto ejercerlo y masculla la idea de cambiar de aires. Todavía falta pero, según me cuentan, ahora pasa los días conjugando el verbo silbar, como bien apuntaba ya el Topillo. ¡Qué Toño querrá insinuar!
Este ha sido mi minutejo de gloria. Se me han escapado vivos unos cuantos, pero volveré, porque me quedo con las ganas de darle un par de mandobles literarios a ese político que, después de lanzar un decálogo de buenas intenciones, no para de dar vueltas a la noria diciendo chorradas. Ya les diré de quién se trata.
Gracias a todos y si a mi jefecillo se le atragantan los pollicipes cornucopiae (percebes), volveré pronto con ustedes.
Nota.- Al final me he dado cuenta de que yo también soy un blandito. Todo se pega…
Gumersindo. Hurón.