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La trinchera de las Diputaciones

martes 22 de febrero de 2011, 22:54h
Actualizado: 23 de febrero de 2011, 04:46h


 A finales de los setenta, recién aprobada la Constitución, no estaba claro que toda España fuera a organizarse en comunidades autónomas. Solo era seguro que lo harían las tres “nacionalidades históricas” (País Vasco, Cataluña y Galicia), pero faltaba por ver que ocurría con el resto del territorio. Dentro de la UCD muchos opinaban que en regiones como Castilla y León bastaba con constituir una Mancomunidad de Diputaciones provinciales como sucedáneo al régimen autonómico. Sin embargo, pronto se despertaron los lógicos agravios y acabó imponiéndose el “café para todos” servido por el profesor Clavero Arévalo, entonces ministro adjunto para las regiones.

 Viene todo esto a cuento de la fiebre que les ha entrado a varios presidentes provinciales del PP por presidir las Diputaciones. En este momento coinciden ambos cargos en León, (Isabel Carrasco), Zamora (Fernando Martinez Maillo) y Valladolid (Ramiro Ruiz Medrano), si bien este último se dispone a dejar la Diputación para pasar a ocupar otra responsabilidad en el ámbito autonómico. A ello ha de añadirse que la Diputación de Soria la preside desde el pasado año Antonio Pardo Capilla, el secretario provincial y hombre fuerte del PP soriano en armónico tándem con la presidenta Mar Angulo.

 

Pues bien, parece que otros tres presidentes provinciales del PP, los de Burgos, Segovia y Salamanca, están interesados en presidir las respectivas Diputaciones. César Rico y Francisco Vázquez, dos políticos tan grises  como habilidosos para mantenerse a flote, se han mirado en el espejo de Carrasco y Maillo, dándose cuenta de que la mejor forma de eternizarse en el poder es controlando los resortes caciquiles de las Diputaciones. Y a ello se disponen. El caso de Salamanca no es el mismo, ya que ahí el verdadero barón provincial no es Francisco Javier Iglesias sino Alfonso Fernández Mañueco.

 Dejando a un lado el caso de Ávila, donde el verdadero capo del PP sigue siendo Ángel Acebes, el único verso suelto es el presidente de la Diputación de Palencia, Enrique Martín, a quien la dirección provincial del  PP se dispone a pasar la factura pendiente de liquidar desde el último congreso.

¿Qué supone todo esto?  A mi juicio un nuevo rearme de las estructuras provinciales del PP frente a la dirección autonómica del partido que encarna Juan Vicente Herrera. Mejor dicho, un nuevo capítulo de ese proceso de rearme que se consumó en los últimos congresos provinciales, resultado del cual ha sido la “insumisión” del PP de Segovia y Ávila en el asunto de las Cajas de Ahorro o la irreductibilidad politica de la presidenta del PP leonés.

 

Es curioso que cuando mas cuestionadas están las Diputaciones,  mas oscuro objeto del deseo resultan dentro del PP. Cuando hace poco mas de un año se le ocurrió a José Blanco cuestionar su papel, desde el PP llovieron sobre “Pepiño” todo tipo de improperios. Con la sola excepción del alcalde de Valladolid, que aprovechaba para meter el dedo en el ojo del resignado  Ruiz Medrano. Con el tiempo se ha ido abriendo paso la necesidad de adecuar las Diputaciones al marco del Estado de las Autonomías. El propio presidente de la Federación Regional de Municipios y Provincias, el abulense Miguel Ángel García Nieto, considera necesario “dar una vuelta” a su funcionamiento. Y el gran ideólogo de la Junta, José Antonio de Santiago-Juárez, admite que hay que “repensar” sus funciones.

 Tengo curiosidad por ver qué propone sobre las Diputaciones el próximo programa electoral del PP. Diga lo que diga, sus barones provinciales tienen mas claro que  nunca que constituyen el mejor lugar para atrincherarse. En el fondo no les importaría nada desandar el camino y reducir la comunidad autónoma a una Mancomunidad de Diputaciones.

(En las fotografías, César Rico y Francisco Vázquez)

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