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Salarios y productividad

Europa trajo bienestar a la España postfranquista pero ahora trae malas noticias. El llamado Pacto por el Euro apretará aún más las tuercas a los 17 países que comparten la moneda común, lo cual se traducirá en nuevos recortes sociales y salariales en España. Sobre el papel se trata de fomentar la competitividad para afrontar la crisis de la deuda, pero en la práctica eso supone moderación salarial, menos gasto en pensiones y prestaciones sociales, la llamada 'flexiseguridad' en el empleo y una mayor coordinación de las políticas fiscales. En general, inquietantes noticias. Zapatero no tuvo más remedio que ceder a las presiones de Merkel y terminó por aceptar que los salarios se vinculen a la productividad, desligándose de la inflación, lo cual supone una transformación laboral de gran alcance, que habrá que ir viendo cómo se hace. Lo más probable es que, al hilo de la reforma de la negociación colectiva, pretendan reducir la indexación con el IPC y aumentar el peso de la productividad en los salarios, como propone el economista Guillermo de la Dehesa. A mayores, los países del euro hablan de mantener los controles sobre el sector financiero, al estilo de lo que ya se está haciendo en España con cajas y bancos; reformar las políticas activas de empleo; abrir a la competencia sectores protegidos, como ciertos servicios profesionales; liberalizar el mercado de la energía, e incentivar la competencia en la economía digital. Todo un cambio social y económico que alterará las bases del Estado de bienestar. ¿Qué significa vincular salarios y productividad? Para la mayoría de los trabajadores, nada bueno. Para el conjunto del país, ajustar su economía, de modo que el salario real de un trabajador iguale el valor de lo que produce, lo cual no siempre es posible en el mundo real. La productividad por trabajador se obtiene de la producción del país --se calcula dividiendo la producción total entre el número total de horas trabajadas--, mientras que el salario está sujeto a un proceso de negociación colectiva entre sindicatos y empresarios, de manera que no solo depende de la situación de cada empresa ni de la producción del país. En las próximas semanas escucharemos hablar a menudo de suprimir las cláusulas de salvaguarda y de descentralizar la negociación colectiva, con opción al descuelgue de empresas. En definitiva, de malas noticias.
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