Libia: tres batallas que la coalición debe ganar: militar, civil, y opinión pública
lunes 21 de marzo de 2011, 14:03h
Actualizado: 24 de marzo de 2011, 09:14h
Hace unos años Bill Clinton dijo que en un mundo tan interconectado Estados Unidos no podía intervenir en todas partes y que lo mejor era tener más amigos y menos enemigos. Una frase así la podía decir un expresidente, pero los presidentes en ejercicio, Clinton incluido, siempre prefirieron defender los intereses de su país a la necesidad moral de hacer amigos y no descartaron ninguna intervención militar por la posibilidad de crearse enemigos. Pero hasta los profanos civiles sabemos que las guerras son útiles cuando se ganan y las experiencias recientes de Irak y Afganistán, y la de las numerosas intervenciones militares de la segunda mitad del siglo XX, no son concluyentes a este respecto.
Más aún, las guerras se pueden ganar militarmente pero ganar la paz no es una consecuencia automática de la victoria militar. Las guerras hay que ganarlas en muchos frentes, entre ellos en la opinión pública y en los medios de comunicación que, para bien o para mal, en el presente están en condiciones de transmitir las guerras en directo y de dar la palabra a unos actores que a veces los beligerantes preferirían mantener en silencio. En los dos meses que llevan en marcha las revueltas árabes no cabe duda de que la intervención de Occidente en general ha sido positiva. Gracias a ella los ejércitos no dispararon contra los manifestantes en Túnez y en Egipto, y gracias a la intervención esta vez militar en Libia se ha evitado temporalmente la masacre de los rebeldes.
Pero con la Resolución 1973 (2011) del Consejo de Seguridad de la ONU en la mano resulta difícil imaginar una victoria en Libia que no sea la partida del clan Gaddafi para que el Consejo Nacional Transitorio pueda en realidad reinventar la estructuración política y administrativa del país. ¿Por qué reinventar? Pues porque la tan difícil de definirYamahiriya libia se parece más a la estructuración de un país bajo régimen comunista y a un encuadramiento de la sociedad del tipo de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) cubanos, que Cuba exportó a Yemen del Sur y a otros países africanos como Angola y Mozambique, que a algo democrático. En ese sistema todo el mundo es vigilante y vigilado, los órganos de la seguridad del Estado vigilan y asesoran a los vigilantes vigilados, y la inteligencia militar, al igual que la seguridad del estado, en manos de los hijos y allegados de Gaddafi, tiene la supervisión del todo.
Un sistema de este tipo resultaría una pesadilla para cualquier cuerpo extranjero de intervención y con más motivo para un Consejo Nacional de Transición (CNT) aparentemente sin mucha experiencia política para combatir a una estructura política de ese tipo, si el régimen sobreviviera y si recuperara la disposición de sus fondos soberanos invertidos en el mundo entero, y el control de la renta derivada de la exportación de petróleo y gas. Aunque por razones obvias las inversiones externas de libia son difíciles de cuantificar,Il Corriere de la Sera pretendía la semana pasada que en pocos días han sido congelados a los fondos soberanos e inversiones y participaciones libias unos 40.000 millones de euros en al menos cinco países europeos y otros 30.000 a 40.000 millones de dólares en Estados Unidos.
¿Quienes son los miembros del Consejo Nacional libio o Consejo Nacional de Transición sobre los cuales tan poco se sabe aunque es conocido que aún antes de estar universalmente reconocidos y estructurados ya tuvieron una disputa por la dirección y el control? El exministro de Justicia Mustafa Abdul Jalil fue el primero en anunciar la creación de un gobierno de transición que en su primera declaración dijo que solo dirigiría al país durante tres meses, hasta que se pudieran celebrar elecciones libres y el pueblo pudiera elegir a su líder.
Su pretensión fue inmediatamente cuestionada por el abogado relacionado con la defensa de los derechos humanos, Abdul HafezGhoga, que anunció a su vez la creación de un Consejo Nacional de Transición integrado por políticos del Este del país que administraría a las ciudades liberadas hasta que Gaddafi fuera derrocado. Ghoga se declaró portavoz del grupo y dijo desde el principio que no se trataba de un gobierno sino de un consejo. Sus objetivos son, no obstante, parecidos al del exministro Abdeljalil: guiar al país hasta la celebración de elecciones libres y el establecimiento de una constitución para Libia.
La organización militar del CNT fue encomendada al general Omar Hariri, uno de los oficiales que participó junto a Gaddafi en el golpe militar de 1969 que acabó con la dinastía de los Senussi, encargado de montar una fuerza militar con las unidades del ejército libio desertoras. Las relaciones exteriores del Consejo le fueron encomendadas al exembajador en India, AliEssaoui, que dimitió en febrero. MahmudDjebril, que participó con varios intelectuales en la creación del movimiento libio por un estado democrático, fue nombrado jefe del Comité de Crisis creado por el CNT.
Los italianos sobre todo, se han mostrado inquietos después de iniciada la guerra por la coalición, por las posibilidades de represalia por parte de Gaddafi. Su gobierno les ha tranquilizado y explicado que los misiles libios solo tienen un alcance de 300 kilómetros, ni siquiera para alcanzar la isla de Lampedusa. Pero cuando concluya esta guerra, Gaddafi y su clan se encontraran seguramente sin capacidad militar amenazadora, pero en estos años han tejido relaciones importantes con algunos regímenes africanos y americanos que pueden ayudarles, si conservaran medios económicos y financieros suficientes, a hacer incómoda la vida a las sociedades de los países que ayudan para que sea derrocado.
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* Domingo del Pino es especialista en el mundo árabe, ex delegado de la Agencia EFE en Marruecos, ex corresponsal de El País para el Norte de Africa, fue miembro de la Euro Med and the Media Task Force de la Comisión Europea y, actualmente, es miembro del consejo editorial de la revista bilingüe Afkar/ideas; colaborador de Política Exterior y Economía Exterior; de la Revista Española de Defensa; y director del Aula de Cooperación Internacional de la Fundación Andaluza de Prensa.